Jano, el sentido de lo Absoluto


Dentro de las tradiciones y creencias de la romanidad clásica el papel del dios Jano, que no es precisamente por azar quien presta parte de su nombre a nuestro proyecto editorial, tuvo una incidencia fundamental en lo que se refiere a la Cosmovisión del hombre romano. Este Dios, muy antiguo y venerado en su día, uno de los más respetados del panteón de divinidades romanas, expresa referencias y reminiscencias que nos retrotraen a los comienzos, a la Tradición Primordial, a través de la expresión simbólica de los rostros contrapuestos. Pasado y futuro, occidente y oriente, paz y guerra o cierre y apertura son antítesis que se ven resueltas en la bifacialidad de Jano, el señor de los contrarios, a quien se dedicaba el mes de enero, como ese nuevo comienzo renovado que, pese a reservarse el mes inicial del año natural a su divinidad, en realidad su simbolismo espacio-temporal abarcaba la totalidad del curso anual.

Jano es el Dios de la excelencia, el símbolo de la fuerza cósmica que anida en lo más profundo y primigenio de la Tradición romana. De ahí la permanente dicotomía entre aquello que llega a su fin y lo que es comienzo, o los estados de creación respecto a aquellos de cierre y crepúsculo. Guido De Giorgio hablaba del Dios Jano como expresión pura de la romanidad, y no solamente por su carácter totalmente itálico, y más concretamente romano, sino porque en el simbolismo de sus rostros opuestos anidaba un tercero, el cual todavía estaba por descubrir y tenía un sentido totalmente metahistórico, como portador de la invencibilidad e inmortalidad de la Roma eterna, como guía y luz de la Tradición y del renacer de una Europa que vuelve a sus raíces primigenias.

Sobre el dolor y la muerte

Ataque Kamikaze

El dolor, la muerte o el sufrimiento constituyen elementos poco conocidos por el hombre moderno, y especialmente por el hombre moderno occidental, nacido en un contexto socio-económico de relativa prosperidad, al menos hasta hace unos lustros, donde las comodidades materiales, la moral hedonista y la banalización de cualquier cuestión trascendente forman parte del acerbo cultural y la mentalidad de nuestros contemporáneos.

El hombre nacido bajo el amparo de la modernidad no está acostumbrado a someterse a situaciones límite, ni a las profundas reflexiones que una experiencia de esta naturaleza pudiera plantearles. Sondear en las profundidades de la existencia, preguntarse por el sentido y la razón del existir, no forman parte, ciertamente, de las cualidades del hombre actual, en la medida que la introspección y el autoconocimiento son antitéticos respecto a la vacuidad y la simplicidad que caracterizan a su existencia. Este hombre deambula perdido en la dimensión material, en la fugacidad de una vida intrascendente, en la que la posesión, la competitividad y el afán de medrar en cualquier aspecto de la vida material le hace vivir en la superficie.

La experiencia de lo sagrado

Stonehenge, Condado de Wiltshire, Inglaterra, 2014-08-12, DD 09

El hombre moderno cree que puede escrutar la realidad con su ciencia, su tecnología y su, pretendidamente, rigurosa metodología experimental. No vamos a negar los avances materiales de los últimos siglos, ni a desmentir la mejora de las condiciones generales de la vida sobre un plano exclusivamente material. Quizás algunos piensen que la llamada «humanidad», concepto abstracto e impersonal, se encuentra ubicada en un plano ascendente y de continuo progreso que le llevará hacia cotas de existencia jamás imaginadas, de hecho existe una corriente conocida como transhumanismo que parte de estas mismas premisas.

«La puerta hermética», de Giuliano Kremmerz

Portada de «La puerta hermética»
Hipérbola Janus tiene el placer de presentar a los lectores una obra inédita hasta la fecha en lengua castellana como es «La puerta hermética» de Giuliano Kremmerz. Como bien indica su título, esta obra trata sobre Hermetismo o Alquimia. El motivo que nos ha impulsado a la publicación de una obra de tales características es el afán por hacer llegar al gran público un conjunto de conocimientos y enseñanzas desconocidas para el mundo de habla hispana que tratan las viejas doctrinas herméticas, y su naturaleza sapiencial, desde una perspectiva tremendamente original.

La obra y el autor son indisociables respecto a la época en la que fue concebida, y las continuas referencias a la ciencia positivista, a su rigor metodológico y la simbiosis de ésta con otros conocimientos cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos, y nos remiten a antiquísimas y arcaicas tradiciones del mundo clásico son uno de los rasgos esenciales de este libro. Además cabe destacar que en ningún caso podemos equiparar al autor italiano con las tendencias teosóficas y espiritistas tan en boga durante las postrimerías del siglo XIX, sino que, en este caso, encontramos una auténtica voluntad de profundizar en corrientes tradicionales y otorgarles un nuevo valor en el contexto de la sociedad burguesa moderna, como se deriva de las aplicaciones posteriores de la magia hermética sobre cuestiones de carácter médico y terapéutico.

También es importante destacar que Kremmerz sirvió de inspiración, en algunas de sus ideas, aunque fuese muy puntualmente, a autores posteriores como Julius Evola, con quien llegó a mantener una colaboración a nivel editorial. No en vano, Kremmerz publicó algunos artículos en Ercole Quadrelli, una revista bajo la influencia del conocido como Grupo de Ur, liderado por Evola, bajo el pseudónimo de Abraxas.