Corea del Norte y la libertad


La libertad es poder decir lo que piensas, poder escuchar a los Rolling Stones y poder dejarte cresta si te apetece
Esta frase lapidaria fue una de las múltiples «perlas» que se vertieron durante la inquisitorial tertulia a la que fue invitado Alejandro Cao de Benós —delegado especial del gobierno norcoreano— durante su visita a un programa de televisión, a raíz de un documental que se emitió sobre Corea del Norte unos días antes.

Dentro de esta tertulia, en la cual todos los defensores del sistema se rasgaban las vestiduras ante la «empanada mental» (sic) del representante norcoreano, fuimos testigos del habitual abuso de argumentos falaces que existe en estos debates y de la profunda ignorancia de sus detractores acerca de la realidad asiática. Pero si algo nos llamó poderosamente la atención fue el debate sobre el concepto «libertad», al que ya hemos dedicado alguna entrada en este blog, y sobre las manifestaciones de susodicha «libertad», de cuya inexistencia acusan al régimen de Pionyang.

Queremos dedicar esta reflexión a la libertad de dejarse una cresta, de conocer a los Rolling Stones o a Madonna y de hablar mal del líder.

Joseph De Maistre: el autor contrarrevolucionario.

Tal y como venido intentando transmitir desde que iniciamos nuestra andadura hace unos cuantos meses, creemos que la mejor manera de sobrevivir (a nivel espiritual) a los tiempos de grandes cambios es acogerse a los valores de lo Eterno y tomarlos como referencia, como guía para no perder de vista el auténtico sentido de nuestro paso por este mundo a pesar de las múltiples distracciones, de los innumerables cantos de sirena que aparecen en nuestro camino.

En nuestras dos publicaciones más recientes, las obras «El Tercer Reich» y «El hombre político» de Arthur Moeller van den Bruck, quisimos dar a conocer una época convulsa de importantes cambios y la manera de afrontarla desde el punto de vista que nosotros defendemos, el de los valores tradicionales. Estas obras son decisivas para la comprensión de los acontecimientos subsiguientes tras la caída de la República de Weimar y el advenimiento del III Reich, siendo esenciales para entender buena parte del pasado siglo.

En esta ocasión, y de manera análoga, hemos querido analizar circunstancias similares acaecidas en una época un poco más remota. Nos hemos querido remontar a hace algo más de dos siglos, al simbólico año 1789, donde todo cambió: a la revolución francesa.

Nos complace presentaros la obra de uno de los más destacados autores de la contrarrevolución antiliberal: El Conde Joseph De Maistre. Se trata de un autor de enorme carga polémica y simbólica, que podría ser calificado como uno de los pioneros de la antimodernidad, y que de hecho fue uno de los primeros autores que intentó sistematizar el pensamiento antimoderno dotándolo de un cuerpo doctrinal y prefigurando otros elementos que, a posteriori, y con una forma más definida, formarían parte de un frente antimoderno mucho más amplio. No podemos obviar las contribuciones de otros coetáneos, españoles en este caso, como Donoso Cortés o Jaime Balmes, que también formarían parte de esa misma corriente que el propio De Maistre acabaría liderando a través de sus escritos.

Juventud y contestación

Los Wandervögel, nacido como un grupo juvenil y contestatario a finales del siglo XIX, fundamentaba su doctrina y cosmovisión en la revuelta contra la sociedad capitalista y liberal surgida de la segunda revolución industrial, en un gran movimiento que no solamente afirmaba el protagonismo y liderazgo de la juventud ante los nuevos avatares históricos, sino que también representaba una concepción del mundo, una cosmovisión que bebía de diversas fuentes. Mientras que por un lado se enfrentaba a la modernidad como tal, a la sociedad del lucro y del dinero, al politiqueo barato de los parlamentos y sus peroratas vacías, también se oponía a la sociedad de los padres y los abuelos, y en esa rebelión existía una voluntad de regeneración.

Nacida como una organización estudiantil, con un fuerte apego hacia el mundo rural y la naturaleza, y con reminiscencias claramente románticas, los Wandervögel evocaron en sus inicios fuerzas mucho más profundas. En este sentido, es especialmente sintomática la celebración del Solsticio de verano que venía precedido de marchas, ascensiones a montañas, cantos y lecturas en torno a un fuego que ascendía en medio de la noche. El calor de la hoguera parecía envolver a los jóvenes, transportándolos a un mágico letargo en el que los problemas del «yo» parecían relativizarse o incluso desaparecer. Una de las imágenes icónicas del movimiento juvenil era un joven desnudo, sobre una roca, envuelto por el aura del sol, en una obra que pertenecía al artista Fidus. La juventud alemana había tomado como expresión de su espíritu y del renacer «pagano» la imagen impresa en este cuadro.