Ídolos de barro

En tiempos pre-modernos, antes del advenimiento de la sociedad de masas y todos sus recursos mediáticos y publicitarios, en lo que es un hecho relativamente reciente, el concepto de famoso o celebridad tenía un significado y una valoración completamente diferente a la que actualmente se le otorga. Tal es así que, a día de hoy este concepto ha adquirido un significado popular, que puede atribuirse a casi cualquiera por una gran variedad de motivos, todos ellos vulgares y profanos hasta límites insospechados. 

El reconocimiento que a alguien como celebridad se le debe, por haber conseguido logros o hazañas dignas de mención, aquellas que nos cuentan los mitos griegos o cualquier otro tipo de historias con esos mismos atributos míticos, formaban parte del propio corazón, núcleo y esencia de muchas sociedades pre-modernas, especialmente en aquellas de la antigüedad, en las que el mito formaba parte del imaginario colectivo, vertebrando un importante conjunto de enseñanzas y hechos que fortalecían el sentido orgánico y comunitario del pueblo y aquellos que lo integraban, al tiempo que también tenía una función pedagógica esencial, infundiendo valores y una determinada cosmovisión del mundo.

La fugacidad del pensamiento en la era moderna


En uno de nuestros últimos escritos hablábamos de la modernidad como la era de las ideologías, y la caracterizamos como una época del triunfo de las mismas, de la plenitud del pensamiento profano convertido en el auténtico leitmotiv de la modernidad. Las ideologías han construido un universo mental propio, con una serie de ítems característicos de cada una de ellas que han influido a nivel global sobre la totalidad de la llamada «humanidad» moderna, proporcionándole motivos de fe, de creencia casi religiosa —aunque totalmente desacralizada— en una especie de mal sucedáneo de ese vacío que las creencias religiosas o la espiritualidad entendida en un sentido más amplio y vinculado a una idea de trascendentalidad que anteriormente, en tiempos pre-modernos, ocupaba esos mismos espacios.

La configuración de la sociedad de masas, la extensión de un tipo muy determinado de cultura, orientado al consumo de unos estratos sociales más amplios, y la pérdida de terreno de cierto tipo de cultura elitista y aristocrática, han sido claves, desde finales del siglo XIX, en muchos de los aspectos de la cultura y la sociedad moderna actual. El lenguaje y las formas que ha asumido esa cultura, con el nacimiento de la publicidad, orientada a las masas, para tratar de atraerla al consumo masivo de determinados productos o ideas, o bien para moldear el pensamiento colectivo y orientarlo en el sentido deseado por los grupos de poder ha dado lugar a nuevas formas de lenguaje y pensamiento. Estas circunstancias han hecho que el lenguaje de uso común en los mass media hayan asumido una forma más directa, a través del eslogan y las frases hechas, ideas impactantes que no precisan de una reflexión profunda, basadas en generalidades o enfoques superficiales de cualquier cuestión. Los mass media son el vehículo a través del cual el mundo toma una forma, más o menos coherente, a los ojos del hombre moderno, y ha asimilado e interiorizado las formas de razonamiento y expresión que éstos reflejan.