La sociedad enferma de la Posmodernidad

El grito de Edvard Munch (1893) expresa la
desesperación del hombre moderno.

Vamos a comenzar este escrito haciendo una afirmación radical, y ésta es, sencillamente, que vivimos en una sociedad enferma, bajo el influjo de perversas influencias a muchos niveles, desde aquellas de mayor envergadura, desarrolladas a través de complejos programas de ingeniería social que encuentran su vehículo de difusión a través de los mass media, de la publicidad etc hasta hábitos de conducta y pensamiento inconscientemente asimilados, así como también estamos sometidos a la ingesta masiva de psicofármacos, que a modo de sucedáneo de felicidad inhibe las veleidades nihilistas que se manifiestan en millones de personas ante los oscuros designios que se dibujan en el horizonte. Y es que podemos hablar de psicopatía colectiva, de una enfermedad social, moral y, especialmente, espiritual que atenaza al mundo actual, y que actúa desde la parálisis absoluta de la voluntad, del discernimiento y el conocimiento de la realidad en todas sus dimensiones. 

La idea de «sociedad enferma» o «malestar de la cultura», como señalaba Freud en su conocido ensayo, es algo que recorre la cultura moderna desde el siglo XIX. El estado de agotamiento, de superación de antiguos paradigmas que no conlleva la asunción de otros nuevos, más fuertes, sino un estado de mayor degeneración, ha sido una constante que la cultura, la literatura y el pensamiento europeo de los últimos siglos ha denunciado permanentemente. De hecho, autores de renombre, como Oswald Spengler o Johan Huizinga, describieron en su momento una concepción orgánica de la historia, planteando una teoría interpretativa cíclica del devenir histórico frente a la concepción lineal-progresista que instauró el positivismo decimonónico. Destaca el primero, Oswald Spengler, y su obra, La decadencia de Occidente, que junto a esta teoría tradicional de la historia, se revela contra el eurocentrismo y la construcción de esa idea de superioridad fundada en la modernidad por cuestiones puramente materiales. Paralelamente, y dentro del estudio de la historia, de los hechos y fenómenos profundos que la configuran, Spengler llegó a la conclusión que son las altas culturas las que mueven el ritmo de la historia y las que dan sentido a la misma. Y, en efecto, toda cultura atraviesa un proceso orgánico de desarrollo, desde el nacimiento, una época de apogeo y la muerte y desaparición final. En nuestro caso, en el presente, está muy claro que nos encontramos en esa fase crepuscular que precede a la caída y la muerte. 

Oswald Spengler (1880-1936)
Volviendo a la dimensión de los individuos, el estado anímico y existencial de la humanidad presente no es más que el producto de la época, de un determinado contexto cultural, social y político absolutamente degradado en los aspectos más esenciales. Y es que es un hecho que la concepción antropológica desarrollada en los últimos tiempos, y que ha precedido a la Posmodernidad actual, se ha dedicado a deconstruir los vínculos profundos, de naturaleza biológica, psíquica y espiritual que habían configurado la doble naturaleza humana, aquella desarrollada ya en tiempos de los griegos, el Antropos del que nos habla Aristóteles, de la doble naturaleza cuerpo-alma y otros tantos conceptos emanados de la cultura clásica y que han vertebrado la concepción de la naturaleza humana desde hace milenios. 

No obstante, las personas, teniendo esa naturaleza que nos es inherente en nuestra condición humana, esa vertiente biológico-psíquico-espiritual, cuya regulación y equilibrio dependen directamente de la satisfacción de determinados factores, dentro del ámbito de lo más inmediato en el terreno de lo biológico, de elementos emocionales en lo psíquico o de necesidades de orden trascendente en lo espiritual, también somos sensibles al devenir de los acontecimientos sociales. De este modo nuestro desarrollo personal, como individuos, está determinado por elementos inherentes a esa naturaleza a la que nos venimos refiriendo, y que están profundamente arraigados, que forman parte de nuestro Ser, y de los elementos que conforman el contexto socio-cultural en el que vivimos. Nadie puede sustraerse de esta realidad, que es a la que han estado sujetas innumerables generaciones desde los orígenes de la humanidad. 

El Nuevo Orden Mundial y sus magos negros




«The mediator between head and hands must be the heart» 

-Metropolis, 1927 

La cita con la que encabezamos este artículo es la conclusión de la película «Metrópolis» (Fritz Lang, 1927), filme de marcado tinte ocultista al que nos hemos referido en alguna ocasión en nuestro blog. Este mensaje aparentemente inocente, que cualquier adolescente no dudaría en colgar en la pared de su cuarto o en engancharlo en su carpeta, pone de manifiesto las necesidades espirituales del ser humano y el control que se puede ejercer sobre el mismo cuando uno es capaz de tomar las riendas de esta «espiritualidad». 

Como ya comentamos en un artículo reciente dedicados a los Testigos de Jehová, siempre hay desaprensivos que se aprovechan del sufrimiento y de la insatisfacción a nivel espiritual que una persona pueda experimentar para llevarlos a su propio corral. Es lo que buscan las sectas, independientemente de cuál sea su tamaño y su infraestructura desde los Testigos de Jehová, hasta las prostitutas extorsionadas con vudú hacerse con el corazón de las personas. 

En una sociedad tóxica como la actual, en la que se ha pervertido prácticamente cualquier manifestación auténtica de la espiritualidad que siempre ha salvaguardado la Tradición, el corazón de las personas está en una situación extremadamente vulnerable, y no son pocas las trampas que existen para intentar capturar a los menos precavidos. 

Muchos que se consideran a sí mismos por encima de todos esos «rollos» religiosos y sectarios y se ven como librepensadores son, paradójicamente, las presas más fáciles para otro tipo de trampas menos evidentes, pero más peligrosas. Hablamos del New Age en general, y de la «Autoayuda» en particular. 

Del New Age también hemos hablado en más de una ocasión: prácticas inspiradas en misticismos orientales pero desacralizado, como el «Mindfulness» o el Yoga como deporte, por poner algunos ejemplos. 

De la «Autoayuda» no hemos hablado tanto. Un concepto que abarrota las estanterías de prácticamente cualquier librería y que nos promete ayudarnos a resolver la mayoría de problemas a los que nos podamos enfrentar. Hay que reconocer que de estos libros hay bastantes cosas que se pueden rescatar y que pueden resultarnos útiles para nuestra vida diaria… Sin embargo detrás de ellos hay un concepto que no deja de entrañar cierto peligro: si las cosas no nos salen bien, la culpa es nuestra… ¿necesitas asistir a algún seminario para que el «gurú» te lo explique mejor? 

Muchos de estos gurús lo que hacen es básicamente ofrecerte un bálsamo positivista. Intentan convencerte de que el sistema no es lo que falla, sino que las personas, por culpa de su ego y de su singularidad, son un obstáculo para que no exista la armonía. Tampoco te dirán nada controvertido ni que desafíe lo que promueve el establishment, más bien lo fomentarán con palabras dulces y amables muy en sintonía con el New Age: «Todos somos iguales», «Existe una conciencia universal», «Hay que adaptarse a los cambios», etc, etc. 

¿Por qué te tapas un ojo, Alejandro?
Uno de estos gurús, que nos ha llamado la atención recientemente es el artista polifacético Alejandro Jodorowsky, chileno de origen judío que es director de cine, escritor de una extensa bibliografía, tarotista y promotor de su doctrina de la «Psicomagia». 

Para seros sinceros, no hemos tenido la oportunidad de leer la totalidad de su obra, pero tampoco es necesario. Simplemente viendo algunos de sus múltiples vídeos o entrevistas en YouTube uno ya sabe a lo que se expone. 

Para empezar, algo que debería poner en guardia a cualquiera que se acerque a este personaje es el halo de sabiduría, espiritualidad y misticismo que le atribuyen los medios de comunicación. Básicamente lo que estos medios te están diciendo es: «Alejandro Jodorowsky es bueno. Sigue a Alejandro Jodorowsky». 

En sus charlas o entrevista siempre alarde de sus extensos conocimientos en esoterismo, simbología y ciencias ocultas como el tarot pero desde una posición amable, humilde y cercana, entablando complicidad con el espectador. También habla de lo maravillosos que somos todos, que somos una parte del universo, que hay una conciencia universal y otras memeces de la New Age dignas de compartir en Facebook para demostrar la sabiduría de quien lo haga. Siempre, como buen siervo del Nuevo Orden Mundial, tratará de relativizarlo todo y darle un valor de superioridad moral a esta relativización, amparándose en la imagen arquetípica de un monje budista zen. Sin embargo cosas que nunca parece relativizar son: 

¿Una alusión simbólica al NOM?

  1. Desprecio hacia la imagen y el concepto de Jesucristo 
  2. Admiración hacia la tradición talmúdica 
  3. Exacerbación del feminismo y repudia de la masculinidad 
  4. Enaltecimiento de la androginia y de la homosexualidad 

El catarismo: las fuentes y la doctrina

Las fuentes bibliográficas 


Una de las obras fundamentales para
conocer el catarismo
El catarismo es un tema que levanta pasiones, que se envuelve en el misterio y evoca muchas y variadas teorías, muchas de ellas sin base ni fundamento alguno, puras especulaciones que más que lanzar luz y aclarar muchas de las misteriosas prácticas y creencias asociadas a esta conocida «herejía», desde la perspectiva de la Iglesia, han ensombrecido muchos de los puntos básicos que nos permitirían conocer los entresijos de la misma y despejar ciertas afirmaciones fantasiosas y sin sentido. En el presente texto vamos a tratar de sintetizar algunas cuestiones básicas, e incluso otras algo más profundas, para ofrecer una visión lo más completa posible del catarismo, y para que nuestros lectores puedan hacerse una idea general de lo que supuso la doctrina en el Medievo, al margen de las connotaciones más históricas y políticas, que serán objeto de nuevos escritos en un futuro próximo. De modo que nos centraremos más en la doctrina, sus prácticas y las fuentes de la fe.

Durante mucho tiempo el catarismo ha sido considerado como una forma de «herejía» que se ha tendido a encuadrar en corrientes maniqueas o directamente no cristianas. Desde la perspectiva del estudio más académico contamos con obras como la de Historia de la secta de los cátaros o albigenses (1849) de Charles Schmidt que es considerada la síntesis más completa del catarismo. Luego tenemos las aportaciones de Edmond Broecks con El catarismo. Estudio sobre las doctrinas, las visiones religiosas, las actividades literarias y las vicisitudes de la secta de los cátaros ante las Cruzadas (1916), o, entre las principales obras clásicas, aquella de Jean Guiraud titulada Historia de la inquisición en la Edad Media (1935), en una obra que resultó fundamental para renovar ciertas visiones sobre los cátaros en varios aspectos, y en especial a un sacramento en particular, que era una de las piedras angulares de la doctrina cátara: la consolación. A través de un riguroso análisis demostró que los ritos cátaros no se basaban en una parodia de los ritos y sacramentos católicos, sino que se tomaban como base en una reproducción bastante precisa de los ritos de la liturgia cristiana primitiva. Respecto a otras acusaciones lanzadas habitualmente contra el catarismo, la relación de ésta con el maniqueísmo y otras formas de gnosis orientales, así como otras interpretaciones que entran en conexión con formas de ocultismo, hay una unanimidad y acuerdo entre los diferentes estudiosos. Es el caso del llamado «neocatarismo» que emergió con fuerza durante la década de los años 20-30 del pasado siglo en el Sur de Francia.

El trágico destino que muchos cátaros sufrieron

«Democracia y talasocracia: Antología de ensayos geopolíticos», de Claudio Mutti



La obra que nos disponemos a presentar supone una novedad editorial de primer orden en el ámbito editorial en lengua hispana. Hasta el momento hemos profundizado en el ámbito de la geopolítica desde una perspectiva alternativa, atendiendo a los escritos del profesor Aleksandr Duguin o Leonid Savin, sin olvidar la obra dedicada al ex-presidente iraní Mahmud Ahmadineyad bajo la autoría de Sepehr Hekmat y Alí Reza Jalali, bajo las cuales hemos tratado de trazar una panorámica a nivel de contenidos, estrategias y significados dentro de lo que se conoce como el Eurasianismo, una escuela de pensamiento geopolítico que encuentra en Rusia a sus autores más cualificados.

El Eurasianismo es un modelo geopolítico alternativo y completamente antitético respecto al modelo unipolar imperante en la actualidad, que bajo la batuta estadounidense ha impuesto sobre el resto del planeta la hegemonía liberal. Los valores asociados al liberal-capitalismo se han convertido en los dominantes a nivel planetario, y bajo la égida de estos y mediante la doctrina de los «derechos humanos» se ha pretendido exportar este modelo de civilización a todos los rincones del planeta, y esto con toda la carga ideológica que conlleva y la ausencia de un auténtico principio de respeto a aquellas realidades fundamentales del ethos de los pueblos, ignorando la diversidad de culturas, creencias y cosmovisiones que conlleva el gran mosaico que compone la humanidad. Es precisamente frente a ese Leviatán contra el que es necesario actuar, y frente al cual el Eurasianismo representa un modelo adaptado a las realidades étnicas, culturales y existenciales de los pueblos, y nos habla de un principio de equilibrio, de bloques geopolíticos que se convierten en interlocutores de la política internacional al mismo nivel, sin someterse a la autoridad de uno de ellos.

Claudio Mutti
Dentro de este contexto, del que representa el Eurasianismo y las diversas ramificaciones o prolongaciones asociadas a su doctrina, es donde podemos enmarcar «Democracia y talasocracia», del conocido lingüista, filólogo, intelectual italiano Claudio Mutti, quien es a su vez el director de la revista Eurasia y de «Edizioni all'insegna del Veltro», editorial italiana con una línea afín a la de Hipérbola Janus y que comparte nuestro espíritu anticonformista. Dentro de este compendio de ensayos geopolíticos podemos encontrar una multitud de temáticas magistralmente hilvanadas a través de un hilo conductor muy concreto: la particular relación entre el espacio político como una especie de matriz sobre la que se superponen e interactúan diversos espacios como pueda ser aquel económico, social, demográfico o lingüístico.

Los testigos de Jehová: pseudoespiritualidad, sectarismo y negocio

Todos hemos sido «asaltados» en nuestros hogares por individuos pertenecientes a esta congregación sectaria y pseudorreligiosa en alguna ocasión en nuestras vidas. Las situaciones y experiencias en este sentido darían como para escribir un libro, y al evocarlas no es infrecuente hacerlo con cierta ironía o sarcasmo, incidiendo siempre en situaciones surrealistas o incluso irritantes, en las cuales un par de integrantes del mencionado grupo hacen uso de toda clase de artimañas, a cual más delirante, para conseguir la adhesión del incauto de turno a sus filas. En cualquier caso, las estrategias del grupo han variado ostensiblemente en los últimos años, y ahora en lugar de predicar casa por casa han recurrido al buzoneo, probablemente después de tomar conciencia de la tortura que suponen sus visitas. 


Mito, simbolismo y metafísica del árbol


Así es que cuando el ánimo se aleja de las cosas humanas y se dirige a las plantas, a los animales y a los minerales, no es un un error, como a veces se escucha decir.

Aquel acto puede ser una señal pura del esfuerzo de autoconservación, del deseo de formar parte de una existencia superior. Si las fuentes se secan, se va al río. Allí no es necesario creer: el milagro es obvio.

Cuando todo es silencio las cosas comienzan a hablar; piedras, animales y plantas se convierten en hermanos y hermanas y comunican aquello que está oculto.

Un arco iris invisible que rodea aquel visible.
— Ernst Jünger

El culto a la naturaleza

La naturaleza, considerada como un espacio sagrado, en el que los elementos que la componen participan en un orden cósmico, más elevado, de acuerdo con unas leyes eternas e infalibles, es una concepción de lo sagrado que se manifiesta en cualquier civilización, forman parte de las concepciones más elementales del sentir de toda comunidad humana. Sacralizar la naturaleza o hacerla partícipe de algo que la supera y al mismo tiempo la contiene, como una parte esencial de su estructura, como un Principio donde la ley sagrada es capaz de inscribir sus mensajes y que incluso puede ejercer el papel de mediador o transmisor de esos mensajes encriptados que el lenguaje humano, muy lejos de aquellas formas sagradas de comunicación de la humanidad primigenia, es incapaz de transmitir.

Podemos referirnos a las formas más primigenias de espiritualidad, como son aquellas animistas, que nos remiten a cultos remotos vinculados a objetos naturales o a determinados entornos de veneración que adquieren una significación mágica. Paradójicamente, frente a lo que podría plantearnos la modernidad desacralizada, es precisamente esa conciencia de lo sagrado, la que en los albores de la humanidad guarda una relación directa con el culto a los elementos de la naturaleza, a partir de la cual la conciencia del mundo real se ha hecho más fuerte, extrayendo una significación más profunda del mundo que nos rodea. De otro modo, sin esa conciencia sagrada vinculada a un rico y variado universo simbólico, todo sería un fluir caótico y desordenado sin sentido alguno.

«Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI», de Aleksandr Duguin



En una situación tan revuelta a nivel geopolítico como la que estamos presenciando en la actualidad, hemos creído adecuado poner a disposición del público hispanohablante una obra que Aleksandr Duguin publicó en 2012 en la que se analiza en profundidad a uno de los principales protagonistas de la política internacional: Vladimir Vladimírovich Putin. En Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI —cuyo título original, Путин против Путина: Бывший будущий президент («Putin vs. Putin: el futuro ex-presidente») hemos creído conveniente modificar— Duguin nos ofrece un amplio abanico de perspectivas sobre el actual presidente de la Federación Rusa y nos presenta cómo se formó el fenómeno Putin así como nos da algunas ideas sobre las directrices que está aplicando en Rusia.

Tierra, Mar y Katechon

Pueblos de la Tierra y pueblos del Mar


El hombre asumió el principio de territorialidad desde el mismo momento que dejó de ser nómada, cuando en el lejano Neolítico comienza a establecerse en un territorio determinado, bajo comunidades de cierta amplitud, y con un código de valores y unas normas de convivencia que comienzan a forjarse de forma más o menos difusa, en un principio, y con mayor claridad en el devenir de los siglos. Así podríamos definir, de forma simple y concisa los inicios de la historia de la humanidad civilizada, en lo que nos remite al germen del poder político y del desarrollo de estructuras más o menos complejas que derivan en formas estatales de distinta naturaleza.

En este sentido es muy interesante destacar las reflexiones de Carl Schmitt al respecto, quien nos habla de una antítesis fundamental en la base del dominio político sobre el territorio. Se trata de un antagonismo que nos remite a dos tipos claramente diferenciados de entornos: por un lado la tierra y por el otro el mar. Estos dos elementos, que vemos claramente expuestos con posterioridad en la obra de Aleksandr Duguin, cuando nos habla del dominio de la tierra (telurocracia) y el dominio del mar (talasocracia), reúnen una serie de condicionamientos a nivel simbólico que reflejan naturalezas en contraste.

«El templo del cristianismo», de Attilio Mordini



Aquellos que estamos más avezados en el conocimiento de las denominadas corrientes de la Tradición Perenne conocemos la obra magna de Julius Evola Revuelta contra el mundo moderno, la obra más famosa y celebrada del autor romano, donde vemos expresada toda su Cosmovisión tradicional en lo que podríamos definir como una especie de estudio morfológico de la historia en clave Tradicional. Sin embargo existen otros autores que nutren las mencionadas corrientes que, por desgracia, todavía permanecen como un enigma que espera ser descubierto. Tal es el caso de Attilio Mordini, autor natural de Florencia, dinamizador del ambiente tradicionalista italiano de las décadas centrales del pasado siglo, que desafortunadamente ha pasado desapercibido para el público de lengua hispana. Ya publicamos el pasado mes de octubre una de sus obras, una antología de escritos, que recogimos en El católico gibelino.

A partir de hoy podemos decir que el enigma que representa la obra del autor italiano comienza a cobrar luz y a tomar un rostro bien definido. El templo del Cristianismo ha sido comparado, y no por casualidad con la obra magna de Julius Evola. En este caso no encontraremos la densidad de información con la que la citada obra evoliana nos abruma, pero, sin embargo, es equivalente en muchos aspectos en la complejidad contenida en sus páginas. De este modo, la lectura de El templo del Cristianismo implica un ejercicio intelectual y de comprensión del mundo desde una perspectiva igualmente tradicionalista, como lo es Rebelión contra el mundo moderno. No obstante, en este caso contamos con unos parámetros interpretativos sensiblemente diferentes, y es que el punto de partida que toma Attilio Mordini es el Cristianismo de los orígenes, y con éste la historia de una trascendentalidad que parte, y tiene su origen, en las catatumbas romanas para recorrer el conjunto de la historia, con sus muchos siglos e innumerables hechos humanos, bajo la perspectiva de la encarnación del Verbo.

Andrei Tarkovsky: antimodernidad y metacine

Andrei Tarkovsy
Andrei Tarkovsky (1932-1986) fue un director de cine ruso, un auténtico icono del cine de la era soviética, desde los años 60 con los primeros largometrajes de su filmografía, todavía mediatizados por la propaganda del régimen soviético, tal y como fue el caso de La infancia de Iván (1962), que fue la película que sirvió de epílogo a la etapa más propagandística, marcada por el culto a la «Gran Guerra Patria», que es así como fue calificada la II Guerra mundial, para dar paso a un cine mucho más creativo y que marcaría el carácter particular y con la impronta característica del cineasta ruso. Y es que adentrarse en el cine de nuestro protagonista supone una una experiencia que podríamos definir casi como catártica, capaz de transmitir mucho más de lo que el lenguaje cinematográfico en sí mismo, y con un propósito puramente lúdico, puede hacer.

Acostumbrados a las grandes producciones hollywoodienses, a sus guiones planos, escenas de acción o cualquier temática bajo la que, en la mayor parte de las ocasiones, subyace un propósito claramente propagandístico, visionar el cine de Tarkovsky implica adentrarse en un mundo completamente diferente. Huyendo de los clichés y estereotipos que el cine estadounidense nos ha enseñado, la filmografía de Tarkovsky no tiene ningún propósito de resultar atractiva o agradable desde la perspectiva del entretenimiento. En muchas ocasiones los planos interminables, en los que se percibe un chorro de agua que gotea incesantemente sobre una piedra enmohecida, que forma parte de un conjunto más amplio de ruinas, puede llevar a pensar a aquellos menos familiarizados con sus producciones, que puede haber un componente absurdo y aburrido, cuando en realidad todo forma parte de un todo, de un conjunto orgánico que tiene una lógica y coherencia que no se muestran directamente, sino que son susceptibles de análisis globales mucho más complejos y profundos.