«Democracia y talasocracia: Antología de ensayos geopolíticos», de Claudio Mutti



La obra que nos disponemos a presentar supone una novedad editorial de primer orden en el ámbito editorial en lengua hispana. Hasta el momento hemos profundizado en el ámbito de la geopolítica desde una perspectiva alternativa, atendiendo a los escritos del profesor Aleksandr Duguin o Leonid Savin, sin olvidar la obra dedicada al ex-presidente iraní Mahmud Ahmadineyad bajo la autoría de Sepehr Hekmat y Alí Reza Jalali, bajo las cuales hemos tratado de trazar una panorámica a nivel de contenidos, estrategias y significados dentro de lo que se conoce como el Eurasianismo, una escuela de pensamiento geopolítico que encuentra en Rusia a sus autores más cualificados.

El Eurasianismo es un modelo geopolítico alternativo y completamente antitético respecto al modelo unipolar imperante en la actualidad, que bajo la batuta estadounidense ha impuesto sobre el resto del planeta la hegemonía liberal. Los valores asociados al liberal-capitalismo se han convertido en los dominantes a nivel planetario, y bajo la égida de estos y mediante la doctrina de los «derechos humanos» se ha pretendido exportar este modelo de civilización a todos los rincones del planeta, y esto con toda la carga ideológica que conlleva y la ausencia de un auténtico principio de respeto a aquellas realidades fundamentales del ethos de los pueblos, ignorando la diversidad de culturas, creencias y cosmovisiones que conlleva el gran mosaico que compone la humanidad. Es precisamente frente a ese Leviatán contra el que es necesario actuar, y frente al cual el Eurasianismo representa un modelo adaptado a las realidades étnicas, culturales y existenciales de los pueblos, y nos habla de un principio de equilibrio, de bloques geopolíticos que se convierten en interlocutores de la política internacional al mismo nivel, sin someterse a la autoridad de uno de ellos.

Claudio Mutti
Dentro de este contexto, del que representa el Eurasianismo y las diversas ramificaciones o prolongaciones asociadas a su doctrina, es donde podemos enmarcar «Democracia y talasocracia», del conocido lingüista, filólogo, intelectual italiano Claudio Mutti, quien es a su vez el director de la revista Eurasia y de «Edizioni all'insegna del Veltro», editorial italiana con una línea afín a la de Hipérbola Janus y que comparte nuestro espíritu anticonformista. Dentro de este compendio de ensayos geopolíticos podemos encontrar una multitud de temáticas magistralmente hilvanadas a través de un hilo conductor muy concreto: la particular relación entre el espacio político como una especie de matriz sobre la que se superponen e interactúan diversos espacios como pueda ser aquel económico, social, demográfico o lingüístico.

Los testigos de Jehová: pseudoespiritualidad, sectarismo y negocio

Todos hemos sido «asaltados» en nuestros hogares por individuos pertenecientes a esta congregación sectaria y pseudorreligiosa en alguna ocasión en nuestras vidas. Las situaciones y experiencias en este sentido darían como para escribir un libro, y al evocarlas no es infrecuente hacerlo con cierta ironía o sarcasmo, incidiendo siempre en situaciones surrealistas o incluso irritantes, en las cuales un par de integrantes del mencionado grupo hacen uso de toda clase de artimañas, a cual más delirante, para conseguir la adhesión del incauto de turno a sus filas. En cualquier caso, las estrategias del grupo han variado ostensiblemente en los últimos años, y ahora en lugar de predicar casa por casa han recurrido al buzoneo, probablemente después de tomar conciencia de la tortura que suponen sus visitas. 


Mito, simbolismo y metafísica del árbol


Así es que cuando el ánimo se aleja de las cosas humanas y se dirige a las plantas, a los animales y a los minerales, no es un un error, como a veces se escucha decir.

Aquel acto puede ser una señal pura del esfuerzo de autoconservación, del deseo de formar parte de una existencia superior. Si las fuentes se secan, se va al río. Allí no es necesario creer: el milagro es obvio.

Cuando todo es silencio las cosas comienzan a hablar; piedras, animales y plantas se convierten en hermanos y hermanas y comunican aquello que está oculto.

Un arco iris invisible que rodea aquel visible.
— Ernst Jünger

El culto a la naturaleza

La naturaleza, considerada como un espacio sagrado, en el que los elementos que la componen participan en un orden cósmico, más elevado, de acuerdo con unas leyes eternas e infalibles, es una concepción de lo sagrado que se manifiesta en cualquier civilización, forman parte de las concepciones más elementales del sentir de toda comunidad humana. Sacralizar la naturaleza o hacerla partícipe de algo que la supera y al mismo tiempo la contiene, como una parte esencial de su estructura, como un Principio donde la ley sagrada es capaz de inscribir sus mensajes y que incluso puede ejercer el papel de mediador o transmisor de esos mensajes encriptados que el lenguaje humano, muy lejos de aquellas formas sagradas de comunicación de la humanidad primigenia, es incapaz de transmitir.

Podemos referirnos a las formas más primigenias de espiritualidad, como son aquellas animistas, que nos remiten a cultos remotos vinculados a objetos naturales o a determinados entornos de veneración que adquieren una significación mágica. Paradójicamente, frente a lo que podría plantearnos la modernidad desacralizada, es precisamente esa conciencia de lo sagrado, la que en los albores de la humanidad guarda una relación directa con el culto a los elementos de la naturaleza, a partir de la cual la conciencia del mundo real se ha hecho más fuerte, extrayendo una significación más profunda del mundo que nos rodea. De otro modo, sin esa conciencia sagrada vinculada a un rico y variado universo simbólico, todo sería un fluir caótico y desordenado sin sentido alguno.

«Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI», de Aleksandr Duguin



En una situación tan revuelta a nivel geopolítico como la que estamos presenciando en la actualidad, hemos creído adecuado poner a disposición del público hispanohablante una obra que Aleksandr Duguin publicó en 2012 en la que se analiza en profundidad a uno de los principales protagonistas de la política internacional: Vladimir Vladimírovich Putin. En Putin vs Putin: una visión de la Rusia del s. XXI —cuyo título original, Путин против Путина: Бывший будущий президент («Putin vs. Putin: el futuro ex-presidente») hemos creído conveniente modificar— Duguin nos ofrece un amplio abanico de perspectivas sobre el actual presidente de la Federación Rusa y nos presenta cómo se formó el fenómeno Putin así como nos da algunas ideas sobre las directrices que está aplicando en Rusia.

Tierra, Mar y Katechon

Pueblos de la Tierra y pueblos del Mar


El hombre asumió el principio de territorialidad desde el mismo momento que dejó de ser nómada, cuando en el lejano Neolítico comienza a establecerse en un territorio determinado, bajo comunidades de cierta amplitud, y con un código de valores y unas normas de convivencia que comienzan a forjarse de forma más o menos difusa, en un principio, y con mayor claridad en el devenir de los siglos. Así podríamos definir, de forma simple y concisa los inicios de la historia de la humanidad civilizada, en lo que nos remite al germen del poder político y del desarrollo de estructuras más o menos complejas que derivan en formas estatales de distinta naturaleza.

En este sentido es muy interesante destacar las reflexiones de Carl Schmitt al respecto, quien nos habla de una antítesis fundamental en la base del dominio político sobre el territorio. Se trata de un antagonismo que nos remite a dos tipos claramente diferenciados de entornos: por un lado la tierra y por el otro el mar. Estos dos elementos, que vemos claramente expuestos con posterioridad en la obra de Aleksandr Duguin, cuando nos habla del dominio de la tierra (telurocracia) y el dominio del mar (talasocracia), reúnen una serie de condicionamientos a nivel simbólico que reflejan naturalezas en contraste.

«El templo del cristianismo», de Attilio Mordini



Aquellos que estamos más avezados en el conocimiento de las denominadas corrientes de la Tradición Perenne conocemos la obra magna de Julius Evola Revuelta contra el mundo moderno, la obra más famosa y celebrada del autor romano, donde vemos expresada toda su Cosmovisión tradicional en lo que podríamos definir como una especie de estudio morfológico de la historia en clave Tradicional. Sin embargo existen otros autores que nutren las mencionadas corrientes que, por desgracia, todavía permanecen como un enigma que espera ser descubierto. Tal es el caso de Attilio Mordini, autor natural de Florencia, dinamizador del ambiente tradicionalista italiano de las décadas centrales del pasado siglo, que desafortunadamente ha pasado desapercibido para el público de lengua hispana. Ya publicamos el pasado mes de octubre una de sus obras, una antología de escritos, que recogimos en El católico gibelino.

A partir de hoy podemos decir que el enigma que representa la obra del autor italiano comienza a cobrar luz y a tomar un rostro bien definido. El templo del Cristianismo ha sido comparado, y no por casualidad con la obra magna de Julius Evola. En este caso no encontraremos la densidad de información con la que la citada obra evoliana nos abruma, pero, sin embargo, es equivalente en muchos aspectos en la complejidad contenida en sus páginas. De este modo, la lectura de El templo del Cristianismo implica un ejercicio intelectual y de comprensión del mundo desde una perspectiva igualmente tradicionalista, como lo es Rebelión contra el mundo moderno. No obstante, en este caso contamos con unos parámetros interpretativos sensiblemente diferentes, y es que el punto de partida que toma Attilio Mordini es el Cristianismo de los orígenes, y con éste la historia de una trascendentalidad que parte, y tiene su origen, en las catatumbas romanas para recorrer el conjunto de la historia, con sus muchos siglos e innumerables hechos humanos, bajo la perspectiva de la encarnación del Verbo.

Andrei Tarkovsky: antimodernidad y metacine

Andrei Tarkovsy
Andrei Tarkovsky (1932-1986) fue un director de cine ruso, un auténtico icono del cine de la era soviética, desde los años 60 con los primeros largometrajes de su filmografía, todavía mediatizados por la propaganda del régimen soviético, tal y como fue el caso de La infancia de Iván (1962), que fue la película que sirvió de epílogo a la etapa más propagandística, marcada por el culto a la «Gran Guerra Patria», que es así como fue calificada la II Guerra mundial, para dar paso a un cine mucho más creativo y que marcaría el carácter particular y con la impronta característica del cineasta ruso. Y es que adentrarse en el cine de nuestro protagonista supone una una experiencia que podríamos definir casi como catártica, capaz de transmitir mucho más de lo que el lenguaje cinematográfico en sí mismo, y con un propósito puramente lúdico, puede hacer.

Acostumbrados a las grandes producciones hollywoodienses, a sus guiones planos, escenas de acción o cualquier temática bajo la que, en la mayor parte de las ocasiones, subyace un propósito claramente propagandístico, visionar el cine de Tarkovsky implica adentrarse en un mundo completamente diferente. Huyendo de los clichés y estereotipos que el cine estadounidense nos ha enseñado, la filmografía de Tarkovsky no tiene ningún propósito de resultar atractiva o agradable desde la perspectiva del entretenimiento. En muchas ocasiones los planos interminables, en los que se percibe un chorro de agua que gotea incesantemente sobre una piedra enmohecida, que forma parte de un conjunto más amplio de ruinas, puede llevar a pensar a aquellos menos familiarizados con sus producciones, que puede haber un componente absurdo y aburrido, cuando en realidad todo forma parte de un todo, de un conjunto orgánico que tiene una lógica y coherencia que no se muestran directamente, sino que son susceptibles de análisis globales mucho más complejos y profundos.