El mito de la contracultura

Mayo del 68 y Nueva Derecha 


La sociedad actual está fundada sobre una serie de principios que, consciente o inconscientemente, actúan sobre la mentalidad y conducta de las personas que la integran. Es muy común, especialmente entre aquellas generaciones más jóvenes, y las que no lo son tanto, repudiar cualquier tipo de autoridad, por justa y necesaria que ésta pueda ser. Tampoco es del gusto de la mayoría que se adopten posturas o posicionamientos que entrañen radicalidad alguna, y no ya en el desfigurado sentido actual, de acuerdo con su acepción moderna, que implica «extremismo» o «defensa de lo irracional», sino en su mismo sentido etimológico, bajo la idea de aquello que posee raíces, y como tal responde a un posicionamiento fundamentado, arraigado y, en cierta medida, inamovible e inmutable. A la sociedad actual no le apetece que los principios fuertes, fundamentados y con raigambre tomen demasiado protagonismo, para éstos es mejor moverse en la inanidad de lo voluble y cambiante; en ideas, principios o posturas que no entrañen demasiada intransigencia, aunque estén fundados en la Verdad y respondan a una Tradición o una dilatada experiencia histórica. Así es nuestra sociedad, se mantiene en una huida constante con el compromiso y la firmeza en las ideas.

Una imagen de las protestas del mayo del 68 en París
Pero si volvemos la vista atrás, si tratamos de profundizar en la génesis de todos estos cambios de naturaleza sociológica, histórica, e incluso espiritual, de la forma de pensar y la mentalidad hoy predominantes, siempre debemos tomar en cuenta lo que se conoce como el movimiento de la contra-cultura, o la rebelión contra la sociedad de los padres, tan simbólicamente ejemplificada a través del denominado «mayo del 68 francés», que pese a ser un movimiento considerado como cultural, en lo fundamental, ha marcado una hegemonía en el terreno de los valores y de la visión de lo político en los años sucesivos. 

Hay un fenómeno que surge en paralelo a todos estos movimientos que marcan una revolución cultural de inequívoca impronta izquierdista, y es la denominada Nueva Derecha, fundada por Alain de Benoist durante esos años finales de la década de los 60. El planteamiento de este nuevo proyecto intelectual podía ser tan rompedor y novedoso como el que acompañó al mayo del 68, y que marcó una nueva hegemonía de la cultura y los valores progresistas. La Nueva Derecha hablaba desde una perspectiva muy alejada de aquella planteada por la vieja derecha liberal y economicista, nostálgica y anquilosada en viejos y caducos valores, afectada por la parálisis y huidiza respecto a cualquier debate de las ideas. Esta corriente fundada por el pensador francés trataba de romper con todas esas referencias para dotarse de un arsenal ideológico muy diferente en vistas a un combate por la hegemonía cultural, readaptando el discurso a nuevos retos y situaciones y teorizando dentro de un plano metapolítico. Frente a cualquier reduccionismo o condicionamiento unívoco, la Nueva Derecha de Benoist planteaba una visión holística del hombre, como un ser dotado no solamente de pura biología, sino como un producto de la historia, la cultura, la civilización y otros acontecimientos dentro del ámbito de lo contingente. Hablamos entonces de una concepción mucho más dinámica que aquella que poseía la vieja derecha que fue derrotada en el mayo del 68. 

Alain de Benoist 


Ahora bien, la Nueva Derecha fue un movimiento que tuvo un eco más bien limitado en su momento, y que dada su naturaleza más intelectual, con una innegable y enorme labor crítica, no tuvo un impacto social tan considerable y, ni mucho menos, veremos muchas referencias a la labor de los autores asociados a esta escuela de pensamiento, ni a sus publicaciones, como es el caso de Nouvelle Ècole, el GREECE, constituido como una suerte de think thank o toda la producción de obras, debates y escritos en general de las últimas décadas.