El catarismo: las fuentes y la doctrina

Las fuentes bibliográficas 


Una de las obras fundamentales para
conocer el catarismo
El catarismo es un tema que levanta pasiones, que se envuelve en el misterio y evoca muchas y variadas teorías, muchas de ellas sin base ni fundamento alguno, puras especulaciones que más que lanzar luz y aclarar muchas de las misteriosas prácticas y creencias asociadas a esta conocida «herejía», desde la perspectiva de la Iglesia, han ensombrecido muchos de los puntos básicos que nos permitirían conocer los entresijos de la misma y despejar ciertas afirmaciones fantasiosas y sin sentido. En el presente texto vamos a tratar de sintetizar algunas cuestiones básicas, e incluso otras algo más profundas, para ofrecer una visión lo más completa posible del catarismo, y para que nuestros lectores puedan hacerse una idea general de lo que supuso la doctrina en el Medievo, al margen de las connotaciones más históricas y políticas, que serán objeto de nuevos escritos en un futuro próximo. De modo que nos centraremos más en la doctrina, sus prácticas y las fuentes de la fe.

Durante mucho tiempo el catarismo ha sido considerado como una forma de «herejía» que se ha tendido a encuadrar en corrientes maniqueas o directamente no cristianas. Desde la perspectiva del estudio más académico contamos con obras como la de Historia de la secta de los cátaros o albigenses (1849) de Charles Schmidt que es considerada la síntesis más completa del catarismo. Luego tenemos las aportaciones de Edmond Broecks con El catarismo. Estudio sobre las doctrinas, las visiones religiosas, las actividades literarias y las vicisitudes de la secta de los cátaros ante las Cruzadas (1916), o, entre las principales obras clásicas, aquella de Jean Guiraud titulada Historia de la inquisición en la Edad Media (1935), en una obra que resultó fundamental para renovar ciertas visiones sobre los cátaros en varios aspectos, y en especial a un sacramento en particular, que era una de las piedras angulares de la doctrina cátara: la consolación. A través de un riguroso análisis demostró que los ritos cátaros no se basaban en una parodia de los ritos y sacramentos católicos, sino que se tomaban como base en una reproducción bastante precisa de los ritos de la liturgia cristiana primitiva. Respecto a otras acusaciones lanzadas habitualmente contra el catarismo, la relación de ésta con el maniqueísmo y otras formas de gnosis orientales, así como otras interpretaciones que entran en conexión con formas de ocultismo, hay una unanimidad y acuerdo entre los diferentes estudiosos. Es el caso del llamado «neocatarismo» que emergió con fuerza durante la década de los años 20-30 del pasado siglo en el Sur de Francia.

El trágico destino que muchos cátaros sufrieron

«Democracia y talasocracia: Antología de ensayos geopolíticos», de Claudio Mutti



La obra que nos disponemos a presentar supone una novedad editorial de primer orden en el ámbito editorial en lengua hispana. Hasta el momento hemos profundizado en el ámbito de la geopolítica desde una perspectiva alternativa, atendiendo a los escritos del profesor Aleksandr Duguin o Leonid Savin, sin olvidar la obra dedicada al ex-presidente iraní Mahmud Ahmadineyad bajo la autoría de Sepehr Hekmat y Alí Reza Jalali, bajo las cuales hemos tratado de trazar una panorámica a nivel de contenidos, estrategias y significados dentro de lo que se conoce como el Eurasianismo, una escuela de pensamiento geopolítico que encuentra en Rusia a sus autores más cualificados.

El Eurasianismo es un modelo geopolítico alternativo y completamente antitético respecto al modelo unipolar imperante en la actualidad, que bajo la batuta estadounidense ha impuesto sobre el resto del planeta la hegemonía liberal. Los valores asociados al liberal-capitalismo se han convertido en los dominantes a nivel planetario, y bajo la égida de estos y mediante la doctrina de los «derechos humanos» se ha pretendido exportar este modelo de civilización a todos los rincones del planeta, y esto con toda la carga ideológica que conlleva y la ausencia de un auténtico principio de respeto a aquellas realidades fundamentales del ethos de los pueblos, ignorando la diversidad de culturas, creencias y cosmovisiones que conlleva el gran mosaico que compone la humanidad. Es precisamente frente a ese Leviatán contra el que es necesario actuar, y frente al cual el Eurasianismo representa un modelo adaptado a las realidades étnicas, culturales y existenciales de los pueblos, y nos habla de un principio de equilibrio, de bloques geopolíticos que se convierten en interlocutores de la política internacional al mismo nivel, sin someterse a la autoridad de uno de ellos.

Claudio Mutti
Dentro de este contexto, del que representa el Eurasianismo y las diversas ramificaciones o prolongaciones asociadas a su doctrina, es donde podemos enmarcar «Democracia y talasocracia», del conocido lingüista, filólogo, intelectual italiano Claudio Mutti, quien es a su vez el director de la revista Eurasia y de «Edizioni all'insegna del Veltro», editorial italiana con una línea afín a la de Hipérbola Janus y que comparte nuestro espíritu anticonformista. Dentro de este compendio de ensayos geopolíticos podemos encontrar una multitud de temáticas magistralmente hilvanadas a través de un hilo conductor muy concreto: la particular relación entre el espacio político como una especie de matriz sobre la que se superponen e interactúan diversos espacios como pueda ser aquel económico, social, demográfico o lingüístico.

Los testigos de Jehová: pseudoespiritualidad, sectarismo y negocio

Todos hemos sido «asaltados» en nuestros hogares por individuos pertenecientes a esta congregación sectaria y pseudorreligiosa en alguna ocasión en nuestras vidas. Las situaciones y experiencias en este sentido darían como para escribir un libro, y al evocarlas no es infrecuente hacerlo con cierta ironía o sarcasmo, incidiendo siempre en situaciones surrealistas o incluso irritantes, en las cuales un par de integrantes del mencionado grupo hacen uso de toda clase de artimañas, a cual más delirante, para conseguir la adhesión del incauto de turno a sus filas. En cualquier caso, las estrategias del grupo han variado ostensiblemente en los últimos años, y ahora en lugar de predicar casa por casa han recurrido al buzoneo, probablemente después de tomar conciencia de la tortura que suponen sus visitas. 


Mito, simbolismo y metafísica del árbol


Así es que cuando el ánimo se aleja de las cosas humanas y se dirige a las plantas, a los animales y a los minerales, no es un un error, como a veces se escucha decir.

Aquel acto puede ser una señal pura del esfuerzo de autoconservación, del deseo de formar parte de una existencia superior. Si las fuentes se secan, se va al río. Allí no es necesario creer: el milagro es obvio.

Cuando todo es silencio las cosas comienzan a hablar; piedras, animales y plantas se convierten en hermanos y hermanas y comunican aquello que está oculto.

Un arco iris invisible que rodea aquel visible.
— Ernst Jünger

El culto a la naturaleza

La naturaleza, considerada como un espacio sagrado, en el que los elementos que la componen participan en un orden cósmico, más elevado, de acuerdo con unas leyes eternas e infalibles, es una concepción de lo sagrado que se manifiesta en cualquier civilización, forman parte de las concepciones más elementales del sentir de toda comunidad humana. Sacralizar la naturaleza o hacerla partícipe de algo que la supera y al mismo tiempo la contiene, como una parte esencial de su estructura, como un Principio donde la ley sagrada es capaz de inscribir sus mensajes y que incluso puede ejercer el papel de mediador o transmisor de esos mensajes encriptados que el lenguaje humano, muy lejos de aquellas formas sagradas de comunicación de la humanidad primigenia, es incapaz de transmitir.

Podemos referirnos a las formas más primigenias de espiritualidad, como son aquellas animistas, que nos remiten a cultos remotos vinculados a objetos naturales o a determinados entornos de veneración que adquieren una significación mágica. Paradójicamente, frente a lo que podría plantearnos la modernidad desacralizada, es precisamente esa conciencia de lo sagrado, la que en los albores de la humanidad guarda una relación directa con el culto a los elementos de la naturaleza, a partir de la cual la conciencia del mundo real se ha hecho más fuerte, extrayendo una significación más profunda del mundo que nos rodea. De otro modo, sin esa conciencia sagrada vinculada a un rico y variado universo simbólico, todo sería un fluir caótico y desordenado sin sentido alguno.