Reseña: Imperiofobia y leyenda negra de Mª Elvira Roca Barea

Imperiofobia y leyenda negra

Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español

Mª Elvira Roca Barea

2020 (5ª Ed.)

978-8417151430

Siruela

488

★★★★★


Imperiofobia y leyenda negra de Mª Elvira Roca Barea es una de las obras más controvertidas de los últimos años. Desde su publicación original, en su primera edición, en el año 2016,el exitoso trabajo de la investigadora, ensayista y filóloga se ha visto sometido a furibundas invectivas e intentos de «refutación» por parte de un buen número de detractores, en algunos casos, como Arturo Pérez Reverte, por una cuestión más personal, pues aparece mencionado en la obra como uno de los más firmes sostenedores de la leyenda negra antiespañola a través de sus obras, o bien por cuestiones ideológicas, como ha sucedido con José Luis Villacañas, donde el catálogo de insultos y zafiedades entremezcladas con falsedades históricas envueltas en un barniz ideológico muy particular, ha contribuido a dar la razón a las tesis fundamentales con las que la autora vertebra su obra.

Posiblemente las polémicas que hemos visto reflejadas en la prensa a través de entrevistas, y el uso de determinados cenáculos mediáticos para atacar a Mª Elvira Roca, puedan resultar interesantes, especialmente en la medida que retrata la vigencia de la leyenda negra, y cómo cierto sector de la intelectualidad española sigue adoptándola por sistema, con el único fin de degradar la visión de nuestra historia y aminorar el valor de nuestros logros y hazañas históricas, especialmente en lo que se refiere al Imperio Español, con todos sus avatares, positivos y negativos, para perpetuar el complejo de inferioridad y de culpa que, como bien señala nuestra autora, comienza a forjarse en el siglo XVIII con la Ilustración y el debilitamiento del proyecto imperial en Hispanoamérica.

Reseña: Miradas a los mundos antiguos, de Frithjof Schuon

Miradas a los mundos antiguos

Frithjof Schuon

2004

978-8476518410

José J. Olañeta

173

★★★★☆


Miradas a los mundos antiguos de Frithjof Schuon (1907-1998) es una obra «sencilla» y de «fácil» lectura si la comparamos con otros escritos suyos, y más teniendo en cuenta la complejidad del pensamiento del autor y lo prolífico de su actividad. Afortunadamente, el editor mallorquín Olañeta ha tenido a bien de publicar a lo largo de las últimas décadas un buen número de títulos del autor tradicionalista suizo. En esta obra en particular, se abordan grandes temas de naturaleza espiritual, religiosa, metafísica y cosmológica que forman parte de la Sophia Perennis y que responden a grandes cuestiones acerca de la existencia y sentido de la vida humana. 

La obra plantea una dicotomía permanente entre el hombre antiguo, o el hombre de la tradición, en relación al hombre moderno, respecto al cual se encuentra en continua antítesis. Los pueblos antiguos siempre estuvieron vinculados a los orígenes, a un centro y a unas raíces, a las que se remite constantemente cualquiera de sus creaciones y les aporta la forma, aquella expresión peculiar y particular que define pueblos o culturas en su devenir histórico. En su itinerario o transitar por la historia estas referencias aluden siempre a unos orígenes de mayor pureza, a la imagen arquetípica del Paraíso perdido y la sede primordial. En el mundo antiguo la idea de jerarquía emanada desde lo Alto, como depositaria de orden, estabilidad y equilibrio, que hallaba su principio y su legitimidad final en un orden divino superior, era una tendencia aplicable a todos los pueblos y tenía un carácter universal. Es la característica que más define el antagonismo respecto al mundo del presente, donde toda organización social, tanto a nivel de creencias como en otros órdenes de la vida comunitaria, se definen por valores profanos y mercantiles, incomprensibles para cualquier civilización tradicional. No obstante se da un problema de subjetividad que cita Schuon, y que, en virtud de esa particularidad que cada pueblo reivindica sobre sus tradiciones y herencia propia, hace que se pierde una perspectiva más amplia del fenómeno metafísico en su integridad.

En el caso particular del orden cristiano occidental Schuon pone el acento sobre la confrontación entre los poderes temporales y espirituales, detentados respectivamente por el Emperador y el Papa, y que tantas disputas y motivos de ruptura provocó en la sociedad medieval con el ya conocido conflicto de las investiduras entre la Iglesia y el Sacro-Imperio, y que para Frithjof Schuon implica un desequilibrio claro en las atribuciones de poder en el caso del Emperador, que dado su origen precristiano y en cierta medida celestial, no tiene únicamente atribuciones dentro del plano temporal puramente político, «invadiendo» de alguna forma prerrogativas que le corresponden al Papa. En cualquier caso, en el ejercicio del poder intervienen hombres, que son, al fin y al cabo, humanos con sus limitaciones, con sus pasiones e intereses, que siempre amenazan con la degeneración en lo infrahumano. En cualquier caso, para el mundo tradicional situarse en el tiempo y en el espacio implica que al colocarse en el plano de la cosmogonía y la escatología es inevitable la búsqueda de la perfección de los orígenes. Esa pureza de los orígenes, eterno reflejo de la ortodoxia, es la que con el descenso de los tiempos, ha obligado a exteriorizar a «exoterizar» los contenidos de la tradición más esotéricos, aunque en este sentido podríamos mencionar la regresión de las castas evoliana, que nos habla del descenso de los tiempos, y la materialización progresiva de contenidos metafísicos primordiales en función de la preeminencia de una casta sobre las demás.

Reseña: Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, de Yukio Mishima

Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis

Yukio Mishima

2001

978-8497340052

La Esfera de los Libros

256

★★★★☆


Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis es una obra con una significación especial dentro del amplio bagaje literario de su autor, Kimitake Hiraoka, más conocido por el pseudónimo de Yukio Mishima (1925-1970), autor precoz en el descubrimiento de su faceta literaria y con una serie de contrastes y paradojas originados por una especie de doble naturaleza que la presente obra, casi convertida en un testamento vital, nos ofrece desde su primera hasta su última página, y que vemos reflejada a través del refinado literato japonés, ampliamente occidentalizado en su formación intelectual en claro contraste con otra naturaleza que desarrolla en una etapa más madura de su vida, todavía en plena juventud, en el cultivo de valores de acción a través de las artes marciales como el kendo y del culturismo. Esta doble vertiente, o incluso doble naturaleza si lo queremos ver así, aparece claramente testimoniada en esta obra, que es un compendio de sus últimos escritos entre 1968 y 1970, incluyendo en los dos apartados finales dos escritos que son una confesión explícita de la visión en perspectiva de su propia existencia y de las motivaciones que impulsaron su precipitado final a través del suicidio ritual (seppuku) con una inesperada y espectacular puesta en escena que conmocionó al mundo de su época. 

El mismo contraste que apuntamos en la trayectoria vital de Mishima podemos trasladarlo a los dos escritos preliminares que nos introducen en la obra del autor japonés: por un lado tenemos un prólogo que es poco menos que un despropósito, donde su autora (cuyo nombre no pronunciaremos para no mancillar este humilde blog), con un tono bastante despectivo, rozando el insulto, aborda de forma superficial y frívola aspectos generales del libro sin motivar al hipotético lector profano un interés mínimo por las páginas que siguen. Se puede decir sin miedo a equivocarse que este prólogo es prescindible y que no aporta absolutamente nada, es molesto e invita a arrancar las pocas páginas que lo componen para darle otro uso más útil, por decirlo de alguna manera. 

En contraste con el prólogo, tenemos la introducción, del siempre interesante y cultivado Isidro Juan Palacios, que constituye un magnífico escrito introductorio a la obra de Mishima. Para tratar de ahondar en la personalidad siempre compleja del japonés, Isidro Juan Palacios se sirve de dos obras fundamentales del extenso catálogo de Yukio Mishima: Confesiones de una máscara (1949) y El Sol y el Acero (1967), que sirven de trasfondo y contexto para trazar un perfil del autor, tanto en sus pensamientos más íntimos como en aquellos más biográficos. Dentro de éste último apartado destacan los orígenes de Mishima, que podríamos juzgar como determinantes en su toma de posición. Sus ancestros guardaban estrechos vínculos con el régimen feudal anterior a la Era Meiji en lo que respecta a su herencia paterna, con la influencia directa de su abuela Natsuo, que era una nostálgica de los tiempos feudales y de la función tradicional del Emperador. Por su parte materna, y directamente legada por su madre, tenemos la visión más intelectual y literaria inculcada desde la pubescencia, pero también aquella de los orígenes campesinos, y nuevamente un referente tradicional vinculado a la vida sencilla del pago. De algún modo, y como podemos ver, la existencia de esa doble naturaleza que apuntábamos es fruto de la herencia directa, y determina ampliamente el pensamiento y evolución de Yukio Mishima hasta sus últimas decisiones. 

Por otro lado, Mishima nace en 1925, en el contexto de un Japón imperial embebido en un poderoso nacionalismo que exalta los valores heroicos del Japón tradicional, y que tiene como referencia el código Bushido. Concretamente es el Hagakure de Yamamoto Tsunetomo, el que se convierte en su libro de cabecera y referencia durante el resto de su vida. El joven Mishima es físicamente débil y condicionado por la madre, e incluso llega a ser calificado de afeminado y atacado por otros estudiantes que siguen la vía más militarista por sus inclinaciones literarias y su poca afinidad con la acción. Este joven es el mismo que descubre ciertas inclinaciones homosexuales que trata de aplacar inmediatamente y de reconducir desde una férrea autodisciplina durante los primeros años de juventud. Nuestro autor opera una transformación vital a nivel físico e interior que en el transcurso de los años le lleva a desarrollar una sólida doctrina espiritual en plena consonancia con el desarrollo muscular y de las disciplinas de combate. El Mishima que se hace el seppuku en el despacho del cuartel general de la guarnición militar de Ichigaya, es un hombre que ha completado su proceso de evolución y que consuma la «promesa» para la cual se había estado preparando durante más de dos décadas. Al final no deja de ser fiel a la identidad heredada y a aquella forjada a lo largo de su existencia. 

Reseña: Rusia, el misterio de Eurasia, de Aleksandr Duguin

Rusia. El misterio de Eurasia.

Aleksandr Duguin

1992

978-8479061623

Grupo Libro

208

★★★★★


Para quienes venimos siguiendo con cierta asiduidad la obra del gran pensador y politólogo ruso Aleksandr Duguin, esta obra, publicada en 1992 y escasamente conocida, representa una agradable sorpresa, especialmente por la perspectiva asumida por el autor, que reviste un carácter muy particular en relación a otras obras cuya temática podríamos definir como más «profana» o más centrada en los aspectos más materiales de los conflictos y avatares de la geopolítica

En el caso de esta obra, con el sugerente título de Rusia, el misterio de Eurasia Duguin nos introduce en aquellos aspectos más ocultos, sagrados y esotéricos del alma rusa, nos desentraña los misterios que componen ese cuadro tan peculiar del etnos ruso, con toda la complejidad e imbricadas relaciones simbólicas que subyacen bajo muchos de sus atributos más característicos. Para nosotros, como europeos occidentales que hemos vivido y nos hemos desarrollado en un mundo profano y material, sin un conocimiento real sobre estas relaciones simbólicas y su papel activo sobre el inconsciente colectivo, el carácter del pueblo ruso resulta algo alejado y de difícil comprensión. El régimen comunista y el telón de acero que nos ocultó muchos de estos aspectos propiamente rusos durante buena parte del pasado siglo, también ayudó a acrecentar el desconocimiento, ciertos prejuicios y el propio halo de misterio en torno a la verdadera naturaleza e idiosincrasia de sus pueblos. 

El propio prólogo que nos presenta Isidro Juan Palacios ya nos impacta con un viejo tema ya conocido, como el de los Misterios de Fátima en relación a aquella información que la Vírgen podría haber revelado en torno a Rusia y el advenimiento del comunismo, y la negativa de cinco papas sucesivos a hacerse eco de susodichas revelaciones y la consagración de Rusia para evitar que en ésta se consumase la victoria bolchevique. Asimismo, concurren también otros elementos que, de algún modo, figuran como vaticinios lejanos, y relacionados con cierta inevitabilidad cíclica, que preveían el triunfo final de la revolución bolchevique como parte del plan divino y de la naturaleza de los tiempos, como parte de la escatología del fin de los tiempos, elemento éste que Duguin desarrolla ampliamente a lo largo de la obra. 

Para Aleksandr Duguin el pueblo ruso, por su propia naturaleza y desarrollo histórico, posee un inconsciente colectivo que está compuesto por una serie de elementos que vertebran su visión del mundo, que pueden permanecer en estado latente, no manifestado, pero que posee su propia visión arquetípica en profunda relación con su devenir histórico y cuestiones espacio-temporales. Si pasamos a estos elementos en su dimensión concreta, éstos se refieren a la idea de la Santa Rusia, íntimamente relacionada con el Cristianismo Ortodoxo y otras formas de religiosidad-espiritualidad subyacentes o anteriores. La integración dentro de la conciencia del pueblo ruso de los elementos precedentes, paganos o precristianos, convenientemente armonizados sirvieron de base para la construcción de la idea Sagrada de Rusia. Estas formas de espiritualidad hunden sus raíces en antiguos vestigios de indoeuropeos, que han dejado su impronta a varios niveles, tanto de geografía sagrada como de estructuras políticas o en patrones de pensamiento religioso concretos. Dentro de este contexto podemos encontrar una serie de relaciones simbólicas que definen el carácter escatológico y mesiánico de Rusia dentro de la historia, que comprendería una doble vertiente que quizás, dentro del terreno más inmanente y de la política profana nos recuerde a la idea de «las dos Españas», y que en Rusia, establece una dualidad entre la «Santa Rusia» y la «Maldita Rusia», que en el caso de ésta última venía representada por diferentes mitos y símbolos procedentes de la Antigüedad y que posteriormente Duguin relaciona directamente con el triunfo del comunismo.