Libertad, moral y autoridad en el liberalismo

Recientemente hemos asistido a una polémica en torno a la cuestión del llamado «pin parental», una pugna dentro del ámbito educativo entre izquierdas y derechas sobre la responsabilidad moral y en la forja de valores en los más jóvenes. Nosotros, Hipérbola Janus, nos negamos a tomar partido en cualquier disputa en el terreno partitocrático, pues nuestro caballo de batalla está en el ámbito de las ideas y en la necesidad de combatir aquellas formas de ideologías modernas que han redundado en visiones erradas y antitradicionales, tanto del hombre, a nivel más antropológico, como de aquellas estructuras de gobierno y de poder que caracterizan a nuestros sistemas políticos actuales bajo las democracias liberales. No obstante, no creemos sorprender a nuestros lectores cuando afirmemos que nos oponemos radicalmente a cualquier forma de perversión e ingeniería social que pueda utilizarse con pretendidos fines didácticos. Del mismo modo, también nos oponemos a cualquier forma de egoísmo y relativismo moral de impronta liberal que implique la claudicación en el terreno moral o espiritual para preservar pretendidos «derechos individuales». 



En primer lugar deberíamos atender a las propias contradicciones que emanan de la formulación del estado liberal, en relación a una pretendida neutralidad y vaciamiento de todo contenido ideológico en el terreno moral, religioso o filosófico, de tal manera que sea la libertad de cada individuo la que imponga, en su particular visión, sus propios puntos de referencia en esos ámbitos. De este modo, el Estado debe permanecer en una situación de equidistancia en relación a esa esfera privada que representan las opiniones particulares y, en teoría, no debe decidir sobre qué modos de vida son preferibles o cuáles son mejores en una clara separación entre aquello que forma parte de la esfera privada respecto a aquella pública. Es la fórmula ideada por el liberalismo político en el contexto de la Modernidad, bajo unos poderes públicos y estatales regidos por el principio de absoluta neutralidad, en base a los pretendidos principios de la objetividad científica y el método racionalista, desde la frialdad y desapasionamiento de las consideraciones puramente técnicas. De este modo la consecuencia no es otra que la reducción de cualquier problema político, social o de los valores a la aplicación de diferentes metodologías y técnicas, como si los comportamientos humanos se pudieran reducir a problemas matemáticos o estuvieran desligados de la propia experiencia histórica, la trayectoria vital de los pueblos o sus dinámicas espirituales y tradicionales. 

Textos para la Tradición en tiempos del oscurecimiento

El pasado 12 de octubre, a través de una escueta nota en este blog, anunciamos una efemérides muy especial para nosotros. En una fecha con un simbolismo especial, Hipérbola Janus comenzó su andadura editorial con la publicación de su primer título: Julius Evola y la civilización del cuarto estado. Antología de ensayos metapolíticos y tradicionales de Ángel Fernández. A este título le sucedieron 26 títulos más hasta la fecha, en un intervalo de 5 años de existencia. Durante este periodo no solamente hemos estado ocupados en la labor editorial, sino que también hemos dado nuestras opiniones y posicionamientos sobre multitud de temas, y lo hemos hecho a través de una gran cantidad de artículos en este mismo medio.

Estos contenidos, al principio formulados a partir de artículos breves y con ideas muy concisas, se hicieron más complejos con el tiempo, aumentando la extensión y elaboración de los mismos. De las ideas claras, lanzadas sin demasiada elaboración de contexto, pasamos a artículos donde la densidad de ideas y razonamientos era mucho mayor, abordando aquellos problemas y temáticas que conformaban nuestro orden de intereses y preocupaciones. De esta manera las cuestiones de orden espiritual, relacionadas con conceptos clave dentro del ámbito tradicional, se han combinado perfectamente con aquellas críticas lanzadas contra el Mundo Moderno y el corpus ideológico que lo vertebra.

Al mismo tiempo existen patrones identificables en cada uno de nuestros escritos, poniendo de relieve la antítesis permanente entre Tradición y Modernidad, como dos categorías irremediablemente confrontadas, separadas por un abismo en cualquiera de los niveles o ámbitos que puedan plantearse. Como parte de esas claves a las que sintéticamente podemos aludir en esta presentación, podríamos encontrar el sentido de armonía, equilibrio y organicidad que vemos en las sociedades tradicionales, donde el mismo transcurrir del tiempo lo hace en armonía con los ciclos vitales de los hombres. A este respecto el mundo moderno no contempla un atisbo de armonía en ninguna de sus manifestaciones, y tiende al desequilibrio permanente, a la desproporción y a formas paroxísticas de inorganicidad. Mientras que el mundo Tradicional fija sus bases en los hechos y cosas naturales, el mundo moderno se empeña en desarraigar al hombre de los puntos cardinales de su existencia, niega su Patria, su Familia, el hecho biológico, sus valores ético-morales hasta destruir la propia condición humana. La exaltación de todo un conglomerado de antivalores, de naturaleza negativa y perniciosa, la apología a lo degenerado y viciado o la negación del Ser en sus elementos primordiales más auténticos son los efectos que padecemos día a día en estas etapas finales de civilización.

¿Tradición y/o nihilismo?: Lecturas y relecturas de «Cabalgar el tigre»

Este proyecto editorial nació hace 5 años bajo una relación íntima y muy profunda con los autores de la Tradición. Desde Julius Evola, autor fundamental para quienes integramos Hipérbola Janus, pasando por René Guénon, Frithjof Schuon, Guido de Giorgio o Attilio Mordini, publicado en castellano por primera vez por nuestro sello editorial, siempre nos hemos sentido cercano a los intérpretes de la Tradición Primordial, con todos los discursos y enfoques específicos que se dan en cada uno de ellos.

¿Tradición y/o nihilismo?: Lecturas y relecturas de Cabalgar el tigre es un libro que se enmarca dentro del terreno del Tradicionalismo en su vertiente evoliana, cuya labor hermenéutica resulta de una notable utilidad para comprender en su verdadera dimensión la conocida obra de Julius Evola. Además cuenta con la ventaja de la perspectiva histórica, puesto que nuestra obra fue publicada en 1988 por iniciativa de las Edizioni Barbarrossa, con Maurizio Murelli al frente y un elenco de autores de reconocido prestigio como son Alessandra Colla (1958), Carlo Terracciano (1948-2005) y Omar Vecchio (1962-2000).

Cada uno de los autores aportan su visión de la obra desde sus propias perspectivas y formación poniendo el acento en un aspecto diferente de la misma, enfrentándose a la incomprensión o las lecturas erradas desde ciertas lides ideológicas, al problema del nihilismo en Nietzsche y Heidegger, y las estrategias y actitudes que suscita su lectura casi 30 años después de su publicación.

¿Pero cuál fue la génesis de Cabalgar el tigre? ¿Cuál fue el contexto y que posturas se derivaron de su publicación?

Una publicación accidentada: Vanni Scheiwiller y Julius Evola


Es por este motivo por el cual hemos considerado oportuno acercarnos a la que muchos consideran la obra más influyente y paradigmática del ámbito tradicional. Nos referimos, evidentemente, a Cabalgar el tigre, publicada en 1961 por el pensador tradicionalista italiano Julius Evola. La obra en sí misma, al margen del contenido teórico de sus ideas, tiene su propia intrahistoria, y sus correspondientes prolegómenos en la relación entre el editor milanés Vanni Scheiwiller (1934-1999) y el propio Julius Evola. Ambos protagonizaron un interesante intercambio epistolar que se conserva íntegramente y forma parte de los archivos de la Universidad de Milán, quien lo adquirió en el año 2004. Scheiwiller formaba parte de una familia suizo-italiana con vínculos profundos con la actividad editorial y el arte desde hace varias generaciones.

Una reflexión sobre el «paganismo»

En algunos artículos de nuestro blog y en algunos títulos que hemos publicado hasta el día de hoy (véase La Cruz frente a la modernidad o bien Edén, resurrección y tierra de los vivientes de Gianluca Marletta) no hemos dudado en defender el legado de cierta vertiente de la tradición cristiana, y no tanto porque mostremos una decidida adhesión a los preceptos religiosos que vertebran la doctrina, como por el hecho de reivindicar el hecho espiritual frente a un mundo moderno donde el materialismo y la vida horizontal predominan sobre cualquier otra cosa, y lo hace porque en la propia concepción antropológica del liberalismo burgués no hay lugar para el desarrollo de esa parte espiritual, tan consustancial a nuestra naturaleza y que nos avoca a una existencia oscura y limitada, a una paradójica desmesura suscitada por un vacío interior imposible de colmar. No en vano Ernst Jünger definió a la sociedad burguesa que nació de los grandes ideales revolucionarios de 1789, como aquella de la «razón» y la «moral».

No obstante, el hecho espiritual puede ser enfocado desde muy diferentes perspectivas, y está condicionado por cada tiempo histórico, modelo de civilización, sistema de representaciones, valores y, en definitiva, Cosmovisiones que pueden llegar a ser de lo más complejo. El llamado «paganismo», al que nosotros preferiríamos calificar de sistema de creencias precristiano, por aquello de la carga peyorativa que el término tiene, en referencia a aquellos que «viven en el pago» y que no fueron cristianizados, tiene perspectivas y formas de entender las relaciones y la propia naturaleza humana absolutamente válidas y que podemos entender y aplicar incluso al mundo de hoy día. En algunos casos el «paganismo» se entiende como una suerte de reacción frente a los males del progreso y del mundo moderno, vinculado frecuentemente a ciertos ambientes ideológicos identitarios o patrióticos, o bien a posturas intelectuales que son el fruto de una reflexión, aunque esto suceda más en el ámbito más individual, ha terminado derivando en aquellos fenómenos de «segunda religiosidad» de los que Spengler nos hablaba, y que serían tan característicos de nuestra época, en la que la reconstitución de un pretendido «Orden Pagano» no sería sino un mero simulacro infantil y ridículo, o incluso una forma de invocación de dimensiones oscuras y subterráneas, de esas fuerzas invertidas de antitradición que Evola nos advirtió en su momento.


El llamado «neopaganismo» resulta esperpéntico.



Una lectura positiva



El «paganismo», valorado genéricamente, no fue una doctrina espiritual concebida para la salvación, ni para calibrar la trascendencia en función de la existencia individual, algo que es característico del Cristianismo, y que estaría perfectamente en consonancia con el prototipo humano del Kali-Yuga, que vive en un mundo desconsagrado y donde las fuentes de la sabiduría tradicional sobreviven de forma fragmentaria. Del mismo modo también son fragmentarias, cuando no totalmente desconocidas, muchas formas de sabiduría «paganas» de las cuales solamente conocemos sus síntesis modernas, descontextualizadas y sin fuentes fidedignas para que puedan ser contrastadas. En otras ocasiones nos encontramos ante perspectivas más holísticas, y no por ello más verdaderas, donde se nos habla de una energía cósmica, de un culto a la vida desde una especie de sobrehumanismo nietzscheano más vitalista o bien de un culto a la naturaleza bajo la visión de un modelo panteísta, en lo que son interpretaciones o visiones muy mediatizadas por la mentalidad moderna y que, en cierto modo, cuentan con ciertos obstáculos planteados por una distancia de contexto histórico de más de 2000 años y por la propia acción de la teología cristiana en el transcurso de los mismos.