Reseña de «Chartres y el nacimiento de la catedral», de Titus Burckhardt

Chartres y el nacimiento de la catedral

Titus Burckhardt

2011

978-8497163361

Jose Olañeta editor

201

★★★★☆



Es la primera vez que reseñamos un libro de esta naturaleza y características, que se adentra con tal profundidad en aspectos tan variados como el arte, la arquitectura y el simbolismo, que son los elementos que confluyen en la presente obra, y que nos invitan a un análisis global y orgánico de un fenómeno histórico y artístico que marca los siglos centrales de la Edad Media. Nos estamos refiriendo, como es obvio, al nacimiento del estilo gótico a través de su creación más arquetípica y universal: la catedral, y no cualquier catedral, sino aquella de Chartres, que marca el inicio y difusión de una nueva forma de concebir el templo religioso, bajo unas innovaciones técnicas y un armazón simbólico que genera una nueva realidad y que es expresión de una mentalidad y una forma de ver el mundo. Esta percepción está vigente en cualquier producción o manufactura humana, siempre encierra bajo sus formas una cosmovisión particular, y así, por ejemplo, lo vemos en los edificios modernos, aunque sean templos religiosos, que suelen ser estéticamente feos y espiritualmente vacíos, sin alma, porque son fruto de una civilización que se ha deshecho de cualquier aspiración trascendente o espiritual, viviendo en una horizontalidad que se transmite en todas sus creaciones. 

El autor, el pensador tradicionalista suizo Titus Burckhardt, destacó en sus escritos por sus análisis y teorías estéticas acerca del arte en diferentes modelos de civilización, y en este caso en el Cristianismo con una de sus realizaciones más logradas a nivel artístico y simbólico. El propio Burckhardt ya nos pone sobre aviso nada más comenzar su obra, advirtiendo que no se trata de un ensayo artístico o científico, sino que éste se postula antes que nada como un ensayo espiritual. Como decíamos, Chartres es el centro y el arquetipo de un modelo de civilización, su culminación. Y es que el hombre del medievo, que no gozaba de los avances científicos y materiales del presente, de las ventajas técnicas o de la información que poseemos hoy nosotros, sin embargo sí eran depositarios de una concepción espiritual clara y objetiva, de una Idea expresada a través de un mundo simbólico poblado por verdades eternas. 

La catedral, como expresión creativa del gótico, tiene su propia génesis que, como en el caso de todos los templos religiosos de la cristiandad, remontaban su origen a la basílica romana en un momento en el cual el Cristianismo no había elaborado todavía su propio lenguaje simbólico, como vemos a través del arte paleocristiano. Normalmente, este tipo de edificios, consagrados tanto a actividades profanas como religiosas, contaban con espacios abiertos flanqueados por hileras de columnas en calles dispuestas como mercados. Entre sus elementos más característicos, como destaca Burckhardt, se encontraba el atrium, que ejercía la función entre el mundo exterior y el templo religioso propiamente dicho. Este espacio de transición tenía sus propias connotaciones simbólicas, y estaba lleno de plantas y árboles que servían para rememorar el Paraíso y el estado edénico. Junto a estos elementos también había una fuente, que nos remiten al bautismo y el renacimiento. Por ese motivo los catecúmenos permanecían en el atrio durante la celebración de la misa. Desde este atrio se accedía a la basílica y a cuatro naves laterales. La nave central terminaba en el arco del triunfo y marcaba el límite del transepto. En el fondo, delante del ábside encontramos el altar, que estaba sobreelevado. Las tres partes en las que podemos dividir la basílica paleocristiana definirían simbólicamente las tres etapas de la vida de todo creyente: purificación, iluminación y unión con Dios, a su vez vinculados con el bautismo, la enseñanza sagrada y la unión con Dios. La semicúpula abovedada que conforma el techo del ábside representa el cielo, y es el espacio destinado a la manifestación divina, por ello, bajo éste, encontramos al altar cerrado, en lo que representa la acotación de un espacio sagrado para el profano. La disposición del espacio no era, ni mucho menos, fruto del capricho de los arquitectos y constructores, sino que respondía a un simbolismo cardinal al que se remitirán todas las iglesias en lo sucesivo. Éstas eran orientadas en función de los ejes cósmicos y los preceptos bíblicos, en una tarea de ordenación que obedecía al propio sentido del cosmos. En el arte gótico, esta particular disposición del espacio sagrado la veremos reflejada en la orientación de las temáticas que adornan las vidrieras. 


«Metapolítica, Tradición y Modernidad: Antología de artículos evolianos» de Julius Evola

Metapolítica, Tradición y Modernidad

Antología de artículos evolianos

Julius Evola

2020

979-8572407778

Hipérbola Janus

370

★★★★★



Hace unos meses creímos que era interesante trabajar en la edición de parte de los textos que Julius Evola, el autor y protagonista de la presente obra, tenía desperdigados en revistas especializadas a lo largo de varias décadas, y en concreto durante los años 50-70, que es el periodo en el que se mantiene más activo como articulista en publicaciones como Il Conciliatore, La Stampa o Roma entre otros muchos. Conocemos al autor por sus obras clásicas, especialmente aquellas de carácter metapolítico tales como Revuelta contra el mundo moderno o Los hombres y las ruinas, o bien otras que inciden en aspectos más metafísicos como El misterio del Grial o La metafísica del sexo, publicados en el caso de los dos últimos por José Olañeta, que lleva varias décadas abordando contenidos tradicionales con la edición y publicación de importantes obras relacionadas con la Tradición Perenne. Sin embargo la obra evoliana se ha visto escasamente respaldada salvo las dos obras mencionadas y alguna más como, por ejemplo, Metafísica de la guerra.

En ese sentido, y al margen de las obras clásicas del barón romano, consideramos que existía todavía un cierto vacío bibliográfico que era necesario cubrir de alguna manera, especialmente en la medida que deben de pulular en diferentes medios centenares de artículos de su autoría que todavía no han visto la luz en lengua castellana. Y no estamos hablando precisamente de un autor menor dentro del contexto de la Tradición Primordial o Perenne, sino de uno de sus exponentes más cualificados y también, por qué no decirlo, de los más polémicos, tanto por su trayectoria vital y los contextos con los que se relacionó en el periodo de entreguerras, como la contundencia de sus ideas y la extensa obra que nos ha legado, y que ha menudo permanece incomprendida por la mayor parte del público lector.

Reseña de «Los fundamentos históricos-espirituales del parlamentarismo en su situación actual» de Carl Schmitt

Los fundamentos históricos-espirituales del parlamentarismo en su situación actual

Carl Schmitt

2008

978-8430948321

Tecnos

264

★★★★☆


La crítica schmittiana al parlamentarismo liberal debe ser enmarcado en el contexto de crisis del liberalismo en el periodo de entreguerras, en plena crisis del Estado liberal, el cuestionamiento del sistema parlamentario, el autoritarismo, la democracia liberal etc. La obra fue publicada originalmente en 1923, tras las consecuencias del Tratado de Versalles y la caída de la monarquía y el II Reich y en plena República de Weimar, con todas sus desastrosas consecuencias de inestabilidad política y crisis económica. A todo ello deberíamos añadir el escaso arraigo que la tradición liberal tenía en la Alemania de Carl Schmitt, donde las corrientes autoritarias y anti-liberales eran las predominantes. 

Dentro de las críticas desarrolladas contra la democracia parlamentaria, podemos reconocer dos vías diferenciadas en el pensamiento de Schmitt: 

-Por un lado la crítica al parlamentarismo como forma de gobierno. En este sentido incide en el excesivo dominio de los gobiernos por parte del parlamento, lo que supondría una inestabilidad que haría imposible gobernar. El parlamentarismo aparece en este contexto en contradicción con la división de poderes e irreconciliable con las necesidades del Estado administrativo. La República de Weimar le sirve como ejemplo para estas conclusiones. Además no existe una solución posible de continuidad si se da una relación inversa y es el gobierno el que predomina a través del partido político sobre el parlamento, porque en ese caso no deberíamos hablar de un régimen parlamentario, sino gubernamental. En el segundo caso tendríamos un ejemplo muy cercano en la actualidad, con la quiebra del orden jurídico y legal y la inutilidad de los parlamentos en la toma de decisiones. La alternativa que propone Schmitt es una «dictadura presidencialista». 

-Por otro lado tenemos la crítica al liberalismo como forma de gobierno. Es una crítica al parlamento como institución, como forma de gobierno, así como a la democracia parlamentaria en su integridad como sistema, una crítica a la democracia representativa. 

En este sentido Schmitt advierte que no hay que confundir democracia y elección, dado que no es lo mismo representación que elección. La democracia como tal solamente tendría sentido cuando su objeto de interés revistiera caracteres homogéneos, y fuese posible reducirlo a un único centro de interés, como ocurría con las naciones burguesas en el siglo XIX, donde las democracias de sufragio censitario representaban los intereses del grupo social dominante. En el caso de la democracia de masas, donde los intereses que se pretenden representar se caracterizan por su heterogeneidad, de tal modo que cualquier forma de pluralismo es incompatible con el liberalismo. En este sentido Schmitt establece una clara diferenciación entre la representación de intereses (de partido, económicos etc) y la representación a través de la cual el pueblo se identifica con sus líderes por aclamación o asentimiento. Y es el segundo tipo de representación el único válido para nuestro autor, porque no existe tal voluntad del pueblo ni el poder puede delegarse. El líder político es el que tiene la cualidad para manifestar esa voluntad e identificarla. Para Schmitt no existe ningún tipo de antítesis irreconciliable entre dictadura y democracia, de modo que el liberalismo y la democracia tampoco son sinónimos y cualquier doctrina política antiliberal, como el fascismo o el comunismo, que se encontraban en pleno auge en su época, no tenían porque ser antidemocráticas. 

Reseña de «La Tradición bloqueada» de Pedro C. González Cuevas

La tradición bloqueada

Tres ideas políticas en España: el primer Ramiro de Maeztu, Charles Maurras y Carl Schmitt

Pedro Carlos González Cuevas

2002

978-8497420266

Biblioteca Nueva

288

★★★★☆


Pedro Carlos González Cuevas hace un estudio monográfico de la obra de tres autores relacionados con el ámbito ideológico de la reacción: Ramiro de Maeztu, Charles Maurrás y Carl Schmitt. Una de las tesis que el autor desarrolla a lo largo del libro es que la llamada derecha conservadora española «no avanzó» según la concepción progresista del propio autor, porque no hubo una «Reforma» y un consecuente proceso de secularización en el que se pudieran conciliar las teorías absolutistas con aquellas iusnaturalistas de raíz católica, de ahí que a lo largo del siglo XIX la presencia del catolicismo en las teorías políticas de tradición conservadora fuese una constante. Esta particular circunstancia, propia del devenir histórico español, fue la que impidió el surgimiento de un radicalismo de derechas similar al maurrasianismo primero y, posteriormente, al fascismo. 

La ausencia de estos procesos secularizadores propios de la modernidad hizo que el catolicismo se hiciese hegemónico y acaparase todo el protagonismo en la dotación de esquemas ideológicos, símbolos y mitos a toda esta facción ideológica hasta llegar a identificar todo este bagaje religioso en clave católica con la propia identidad nacional. Dentro de esta teoría el hecho de que el catolicismo se convirtiera de alguna manera en el catalizador de la nacionalización de las masas y se instrumentalizase en la forja de la identidad nacional debilitó a la nación en detrimento de la religión. Este fue el gran error de la derecha, utilizar a la Iglesia como vehículo en la construcción de la nación moderna empleando a la Iglesia, que sentía una natural desconfianza hacia el Estado, y que siempre vio en el nacionalismo una amenaza en la alianza entre el trono y el altar. 

Una vez expuesta la tesis fundamental del libro es interesante señalar que González Cuevas centra el primero de sus estudios en la figura de Ramiro de Maeztu, al que considera uno de los representantes del nacionalismo español y la modernización social. En su obra más temprana ya vemos prefigurarse los elementos clásicos de su pensamiento, a saber, la crítica a los «nacionalismos» periféricos, el elitismo intelectual o la defensa del ejército como vehículo de cohesión social y nacional. El primer gran viraje lo experimentó tras la Primera Guerra Mundial, cuando termina por decantarse por un nacionalismo contrarrevolucionario de carácter autoritario y católico, siempre en un contexto de defensa del liberalismo. De hecho Ramiro de Maeztu se convertiría en el representante más autorizado del conservadurismo español de corte tradicional tras las filas de Acción Española. La influencia de Action Française en España fue bastante minoritaria y discontinua, debido a la originalidad y peculiaridades propiamente españolas del movimiento, diferentes tendencias estéticas, políticas y filosóficas. 

En el caso de las influencias del pensamiento de Carl Schmitt su discurso trasciende su propia filiación nacional-socialista durante los años 30, y es que el pensamiento del autor alemán ha suscitado intereses tanto en las izquierdas como en las derechas. Schmitt fue un pensador bastante heterodoxo de la derecha, apunta González Cuevas, cuyas ideas no llegaron a cuajar del todo en la España católica de Franco. De hecho, como apunta nuestro autor, Schmitt contribuyó a desmitificar muchos de los principios que vertebraban la derecha tradicional española. Las corrientes laicas dentro del conservadurismo español han surgido gracias a la aportación de Carl Schmitt en ese terreno. 

Sobre la tesis que acabamos de exponer el autor, González Cuevas, desarrolla un itinerario intelectual por la vida y obra de los mencionados autores. En el caso de Ramiro de Maeztu, se podría enmarcar en la crisis de la generación del 98, y sienta las bases de su pensamiento en la crisis de identidad generada a raíz de la pérdida de los últimos territorios del imperio español. Este hecho, traumático para la mayor parte de los intelectuales de su generación, también le hace poner en tela de juicio al propio régimen de la Restauración, su inoperancia y la aparición de enemigos interiores como los separatismos periféricos, que comienzan a experimentar un auge importante durante esa época. En la línea de pensadores como el aragonés Joaquín Costa, Maeztu propone la modernización económica y el fortalecimiento del tejido industrial español. Durante su juventud también simpatizó con el socialismo, pero desde posturas e interpretaciones bastante heterodoxas, fundamentalmente en su vertiente fáctica de la lucha y los ideales, y bajo el influjo de sus lecturas nietzscheanas. No obstante, en fechas muy tempranas mostraría una marcada preocupación por equiparar a España con el resto de las economías europeas, bajo un capitalismo pujante y dinámico. De Nietzsche tomará, de sus teorías sobre el superhombre, la necesidad de la proliferación de individualidades heroicas capaces de ejercer de guías en este impulso económico y social que España necesitaba. Del positivismo darwinista decimonónico toma la idea de jerarquía social y exalta las desigualdades naturales de los individuos, potenciadas en la línea de un perfeccionamiento del individuo.