
Las democracias liberales contemporáneas se sostienen bajo unos mecanismos sutiles de manipulación que se muestran bajo la «opinión pública» en una ficción fabricada por medios de comunicación masivos, lobbies, tecnócratas y aparatos ideológicos al servicio del poder. A partir de la obra de Edward Bernays, «Propaganda» como guía, se expone la anatomía de la sociedad de masas: un mundo de individuos desarraigados, emocionalmente dirigibles y políticamente domesticados.







