Reseña: Eremitas: Las enseñanzas místicas de los Padres del Desierto, Dionisio el Areopagita, Isaías El Anacoreta, María Egipciaca y muchos más

Eremitas: Las enseñanzas místicas de los Padres del Desierto, Dionisio el Areopagita, Isaías El Anacoreta, María Egipciaca y muchos más

Isidro Juan Palacios

2006

978-8496665248

Palmyra editorial

536

★★★★★


Nos encontramos ante un libro fuera de lo normal, un ensayo que, como bien nos advierte su autor en las primeras páginas, constituye una totalidad en sí mismo, y que para nada debemos leer atendiendo al sentido lineal y habitual que se corresponde con cualquier otro libro. Esta obra, a la que podemos calificar como un ensayo sobre mística cristiana, y más concretamente sobre las doctrinas y enseñanzas de los Padres del Desierto, puede considerarse como una guía espiritual destinada a transformar interiormente al lector, a aquel que aspira a romper con la rutina y cotidianidad del ruidoso y caótico mundo moderno, para abrir nuevas vías y horizontes en las vidas de quienes tengan la fortuna de tener este magnífico libro en sus manos. 

Hay una tesis o idea central que recorre toda la obra y sirve de leitmotiv a lo largo de su desarrollo, y que nos remite a un viejo anhelo que viene de la Antigüedad, concretamente de griegos y egipcios, que tiene que ver con el deseo humano de eternizarse, de conservar la juventud, la fuerza y la potencia de los años más vigorosos y que también podríamos traducir como la aspiración a lo divino. Se trata de ser Dios y no «como Dios», en un matiz muy importante que aclararemos con posterioridad, alcanzando la inmortalidad del cuerpo y el alma. Este deseo llegará a concretarse con el advenimiento del Cristianismo, y encontrará su vía más preclara en los Padres del Desierto y sus técnicas y doctrinas para alcanzar una auténtica transfiguración del Ser. En este sentido puede sorprender el contraste entre la visión que ciertos autores ligados al perennialismo o Tradición Primordial nos ofrecen del Cristianismo, como una religión limitada a formas puramente devocionales y la inexistencia de una vía esotérica propiamente dicha, como ocurre con René Guénon, y la perspectiva de Isidro Palacios, nuestro autor, que afirma con total rotundidad la existencia de vías iniciáticas perfectamente homologables con aquellas del Extremo Oriente. En el Cristianismo, nos dice Palacios, existe una auténtica voluntad de retorno a la unidad primigenia y originaria a través de la superación de toda forma de dualismo así como de la dicotomía entre sujeto y objeto como parte fundamental de esa purificación interior y el rechazo a toda forma de exterioridad. Exactamente igual que puede suceder con el Budismo Zen y otras formas de ascetismo místico-orientales, con la particularidad de que las doctrinas y enseñanzas hesicastas tuvieron un desarrollo totalmente autónomo y nacieron de la experiencia de los propios monjes en el desierto. Dios ha creado al hombre para que se haga Dios, de tal modo que de acuerdo con una serie de técnicas y métodos, la acción del Espíritu Santo y la voluntad divina podrá realizar o verificar la transformación interior que le permita vivir lo divino en sí mismo. Para ello el hombre no deberá cambiar su naturaleza y la identidad de su Ser, sino restaurar la unidad primigenia, la simplicidad y la inocencia primitiva que poseía con anterioridad a la caída. 

Para conseguir la divinización del cuerpo, alma y espíritu, concebidos como una unidad, los eremitas que constituyeron el monacato oriental se retiraron a los desiertos y abandonaron las ciudades. Este era el comienzo para iniciar la renuncia total hacia los bienes del mundo material, el ego y los apegos derivados de la voluntad. Un espacio inhóspito y duro donde poder recrear esa Nada necesaria para hacer emerger el Dios que llevamos dentro, pues es una potencialidad muy real que el hombre alberga en su Ser interior. Esta «huida» al desierto no representa una huida del mundo, sino que es el primer paso para recuperar el centro perdido y superar el mencionado dualismo y las diferentes dialécticas que lo vertebran. Por lo tanto, en el desierto el monje consigue restaurar su unidad interior. No hay que olvidar que estos eremitas solitarios, centrados en su interioridad, fueron capaces de desarrollar en este contexto una serie de técnicas y enseñanzas de realización espiritual derivadas de su propia experiencia y que nada tienen que envidiar a aquellas de la Tradición del Extremo Oriente. 

El monje se marcha al desierto sin pertenencias materiales, sin tradición, solo con la Oración a través de la invocación del Nombre de Jesús, y lejos de escapar del mundo huye de las luchas superfluas para iniciar una guerra cósmica tanto interna como externa enfrentándose a las peores tentaciones desde el amor y la sobriedad, con un espíritu guerrero que paradójicamente busca la paz frente al odio en una lucha que el monje libra con todo el valor y entereza posible, y en el que la recompensa pasa por recuperar el estado de pureza prístina de los orígenes junto a sus cualidades puramente espirituales y edénicas. 

Reseña: De Covadonga a la nación española. La hispanidad en clave spengleriana, de Carlos X Blanco

De Covadonga a la nación española: La hispanidad en clave spengleriana

Carlos X Blanco

2019

978-8494959646

Editorial Eas

158

★★★★★



La presente obra que vamos a proceder a reseñar, De covadonga a la nación española, de Carlos X Blanco, ya posee un título lo suficientemente sugerente que invita a la lectura y despierta un gran interés, y especialmente cuando leemos el subtítulo que le viene aparejado como «La hispanidad en clave spengleriana», en cuya introducción Robert Steuckers, destacado intelectual del movimiento de la Nueva Derecha francesa, nos empieza a esbozar algunas de las ideas que se irán desarrollando a lo largo del libro. Ya de entrada queda de manifiesto una dualidad que ha sido decisiva en la actual configuración de España en el devenir de los siglos, una impronta indeleble que ha condicionado el desarrollo de la nación más antigua del occidente europeo, y es la existencia de dos polos o almas, dos cosmovisiones opuestas y enfrentadas: por un lado aquella que representan los pueblos del Noroeste peninsular, pioneros y artífices de las primeras etapas de la Reconquista desde el Reino de Asturias, marcado por la presencia de un importante elemento celtogermánico, también romanizado pero sin el lastre decadente y crepuscular de las civilizaciones precedentes, y por otro lado los pueblos hispanorromanos del Levante y el Sur peninsular, que caerán bajo la dominación árabe y se configurarán bajo un modelo de civilización diferenciado, marcado por la influencia de civilizaciones caídas o en franco declive, como es el caso de la romana, bizantina o la arábiga. Es precisamente esta antítesis la que se convierte en el eje vertebrador del libro, en el que su autor, Carlos X Blanco, se sirve de las teorías e interpretaciones del notable filósofo de la historia alemán Oswald Spengler y su monumental obra La decadencia de Occidente

No obstante, este ensayo no se queda en un mero análisis de opuestos, sino que a través de sus páginas nos muestra un bosquejo de ideas bastante preciso para delinear la historia de España desde sus comienzos hasta la actualidad en función de las categorías del pensamiento spengleriano. Asimismo nos advierte que hay que entender los planteamientos del filósofo e historiador alemán en su contexto con toda su terminología y métodos interpretativos aunque teniendo en cuenta las limitaciones y errores en los que pudiera incurrir en su obra a lo largo de su trayectoria intelectual. También conviene destacar cómo a través de la última parte del libro se utiliza como referencia a Ortega y Gasset, que nuestro autor califica como «el Spengler hispano» por su visión más elevada de las problemáticas y posibles soluciones al problema de España y por «su comprensión de lo nacional»

Volviendo a la antítesis entre esos dos modelos de civilización que arraigaron en la España de la Antigüedad tardía y los inicios del Medievo, en una suerte de duplicidad que a la luz del pensamiento Spengleriano nos permite distinguir perfectamente el concepto de cultura y civilización tan característico de su planteamiento. La cultura representa el estado de apogeo vital, de las grandes conquistas y realizaciones históricas que determinan un tipo humano audaz y especialmente dotado, que vendría ser el arquetipo de la cultura fáustica, que en el caso hispano vemos reflejado en el Noroeste peninsular, en los territorios comprendidos por el reino asturiano, y que representa la tendencia que sería hegemónica en el resto del orbe europeo bajo la Cristiandad fáustica y donde la presencia del elemento germánico sería fundamental. La base fundacional del reino astur estuvo formada por astures, cántabros y godos pertenecientes a la baja nobleza que habían huído del avance musulmán refugiándose en las montañas del Norte. De esta unión de pueblos, de esta etnogénesis, empleando la terminología del autor, nació un nuevo pueblo, una nueva cultura en sentido spengleriano. Es un pueblo ávido de conquistas, con una conciencia clara y segura sobre la necesidad de expulsar al invasor moro e infiel de la península y de ser portador del Imperium. Es a través del inicio del proceso de la Reconquista como se vehiculiza la nación española, y que tendrá su punto de arranque en tierras asturianas para después encontrar una continuidad en la acción de Castilla. Y respecto a la hegemonía castellana el autor deja entrever cierto prejuicio contra esta, representante de un «concepto mestizo y dudosamente cristiano» que vivía su multiculturalidad de modo traumático, a consecuencia del cual tendrían lugar las expulsiones de judíos y moriscos, la inquisición o la intolerancia. Todo ello debido, según nuestro autor, a la falta de homogeneidad a nivel étnico y religioso derivado de un problema de identidad. Frente a esta el Noroeste representaba una sociedad más homogénea en lo étnico y religioso, con su impronta celtogermana, mucho más homologable al resto de Europa. En este sentido, quizás habría que recurrir a ciertos ensayos que desde hace años han ayudado con una suerte de revisionismo a despejar ciertos clichés y prejuicios que oscurecían la historia de España en sus siglos áureos, como podrían ser Elvira Roca Barea o Iván Vélez, por citar a los más destacados. 

René Guénon: El Maestro de la Tradición Perenne

El Maestro de la Tradición Perenne

Antología de artículos guenonianos

René Guénon

2021

979-8504926506

Hipérbola Janus

286

★★★★★


El pasado mes de diciembre tuvimos la oportunidad de publicar un recopilatorio de artículos inéditos en castellano de Julius Evola (1898-1974), uno de los autores más heterodoxos y polémicos que podríamos inscribir en la corriente de los grandes intérpretes de la Tradición, y al que consideramos fundamental para entender nuestra concepción del mundo y nuestra propia misión como proyecto editorial. No obstante, y de acuerdo con las propias filiaciones del Barón romano, que siempre fueron controvertidas, René Guénon (1886-1951) fue uno de sus principales referentes, si no el más importante y al que podemos considerar, de pleno derecho, como el primer sintetizador e intérprete de la Tradición Primordial, de sus símbolos sagrados y de las doctrinas esotéricas y sapienciales anejas a ésta. Obviamente, no vamos a entrar en las diferencias que Julius Evola y René Guénon pudieran tener a lo largo de sus respectivas trayectorias, porque no es el cometido del presente escrito, y excedería por mucho el propósito de esta presentación. 

Con lo cual debíamos un recopilatorio a René Guénon, a su dilatada trayectoria como autor de la Tradición, que se inicia en 1909, con apenas 23 años, cuando abandona su Blois natal para ir a estudiar a París, y que concluye el mismo día de su muerte, en El Cairo, un 7 de enero de 1951. Durante estos más de 40 años el Maestro francés nos ha legado veinte libros y más de 300 artículos. El ámbito en el cual se desarrollaron sus escritos comprende temáticas muy variadas, y van desde sus estudios tradicionales, sobre conceptos y principios de la Tradición propiamente dicha, con sus notables conocimientos en materia de indología e islamismo, así como de la historia de las ideas y la filosofía, ciencias experimentales, psicología o antropología en un espacio cronológico que abarca milenios de historia. Es a partir de este conglomerado complejo e inabarcable que René Guénon logra vertebrar un discurso acerca de la Verdad que identifica plenamente con la Tradición, y frente a la cual la modernidad, entendida e identificada plenamente con el modelo del «Occidente moderno» no supone sino una anomalía, una desviación que marca el languidecer de los tiempos, bajo el crepúsculo de una civilización carente de otra dimensión que aquella material, y por tanto condenada a desaparecer si no ejecuta una acción rectificadora. 

Salud y globalismo




Después de algo más de un año de «pandemia», aunque nosotros creemos que más bien de plandemia, en el que solamente hemos escuchado hablar de restricciones en todos los ámbitos de la vida social, en nuestras vidas particulares, con la consecuente ruina de los pequeños y medianos empresarios, las familias y de todo aquel tejido orgánico que todavía pudiera subsistir en nuestra degenerada sociedad moderna, además de continuos y flagrantes fraudes de ley, desde hace algunos meses están en funcionamiento las mal llamadas «vacunas» que no son sino terapias genéticas, como muchos científicos, entre ellos la Doctora Alexandra Herion-Claude (Instituto Francés de Investigación Médica y Sanitaria | Inserm · Unidad de Genética y Epigenética de Enfermedades Neurometabólicas y Defectos de Nacimiento) han afirmado públicamente, que fueron aprobadas bajo condiciones más que sospechosas tras negociar con la Unión Europea su distribución y aplicación en los países que se encuentran bajo la soberanía de esta organización globalista. En este sentido, la exoneración de toda responsabilidad ante los efectos adversos, los cuales incluyen muertes fulminantes y una variada gama de efectos secundarios que van desde sarpullidos y fiebre hasta ceguera, parálisis o los famosos trombos, a las multinacionales farmacéuticas, también debemos añadir el contrato de confidencialidad que impide que sepamos cuales son los ingredientes de los que se componen estas sustancias. A esto deberíamos añadir las campañas agresivas que desde «medios sanitarios», prensa generalista, y desde los propios gobiernos, se están haciendo para incitar a la masa a inyectarse una sustancia de la que ignoran su composición y que ha sido aprobada por la vía de urgencia a través de la agencia europea del medicamento, es decir, sin aprobar el protocolo legal establecido para cualquier medicamento que se comercialice sobre territorio de la UE. 

Ante todos estos condicionantes que hemos enumerado, resulta cuanto menos inquietante que una persona considerada normal, digamos que con una inteligencia media, pudiera aventurarse a introducirse en su organismo algo cuyas consecuencias a largo plazo todavía se desconocen, que no le va a asegurar una vida normal sin restricciones y en el pleno ejercicio de sus libertades y que, en última instancia, no le permite inmunizarse ni hacer frente a un hipotético virus, respecto al cual poco sabemos porque jamás se le menciona en los mass media, salvo para hablar de cepas con denominación de origen de medio mundo, y de cifras de muertos y, sobre todo, de infectados (ya no hablan tanto de «PCR-positivos»), muchos de ellos «asintomáticos», en el contexto de una «pandemia mundial» un tanto extraña, o cuanto menos peculiar. 

Toda la problemática y el trasfondo de estas cuestiones podría llevarnos a tratar temas demasiado extensos y complejos para abordarlos en el formato del actual artículo. Deberíamos hablar ya de entrada de una crisis global que va más allá de lo puramente sanitario y que afecta tanto a la salud como al resto de los aspectos de la vida contingente en el mundo occidental desarrollado, aquel que es heredero de la Revolución Francesa y del orden liberal subsiguiente. El mundo moderno, como hemos venido recordando en la mayor parte de nuestros artículos, representa una anomalía en toda regla, desde el momento que ha renunciado a sus raíces tradicionales y al horizonte de trascendencia que le era propio en tiempos pasados. Las transformaciones del mundo moderno han engendrado un nuevo modelo antropológico, que viene marcado por la desacralización de todo un universo simbólico y la ruptura de una serie de equilibrios que habían marcado el devenir de las sociedades premodernas. Precisamente uno de los factores que menos hemos tratado, quizás por estar formado quien escribe en letras, son las cuestiones relativas al proceso deshumanizador dentro del ámbito de lo sanitario, y en sus imbricadas relaciones con el poder, puesto que estos aspectos los hemos abordado en mayor profundidad desde un enfoque filosófico, desde el pensamiento tradicional o desde un plano ético moral o incluso religioso. No obstante, ello no implica que no exista una deshumanización muy clara y de la cual somos testigos en nuestros días en el ámbito de la sanidad y la medicalización de la misma con el uso ingente de fármacos, cuyo uso y fe desmedida en su poder curativo se han convertido prácticamente en un dogma irrefutable.