La Cruz frente a la Modernidad


 Un problema espiritual 

Desde Hipérbola Janus hemos destinado multitud de escritos a criticar el mundo actual, un mundo moderno que detestamos en sus aspectos esenciales, en aquellos que dan forma y «sentido» a una cosmovisión errada y lastrada desde su misma base. Tenemos muy claro que aquello que germina desde el materialismo, el individualismo y la consagración de la Razón humana como el único valor para conocer el universo y la propia realidad de la existencia humana es una falsificación de la propia vida, una mixtificación de los bienes y valores raíz que realmente nacen de la pureza primordial del alma humana. Todo aquello que nos acerca a lo mundano y aparta de la dimensión trascendente del Ser nos arrastra al fango de la horizontalidad, de una vida sin anhelos ni esperanzas, donde una buena posición económica o la posibilidad de dar rienda a una suerte de libertinaje se confunde con la verdadera libertad, la cual solamente puede alcanzarse en comunión absoluta con la insoslayable grandeza de lo Trascendente. 

El Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador
Dalí
De este modo podemos decir que vivimos tiempos de fin de ciclo, donde la raza del hombre fugaz, como señaló Julius Evola, que entiende las experiencias de la realidad desde una perspectiva absolutamente desconsagrada, sin esa dimensión trascendente tan necesaria para salvaguardar el equilibrio interno y la armonía de la vida humana. Para este hombre fugaz, sin un centro, todos los acontecimientos y hechos de la vida son pasajeros, y como su propia condición sometida al devenir indica, fugaces, sin que nada quede a su paso. Es la antítesis de cualquier principio tradicional.

Analizar la dimensión del problema espiritual que nos plantea la modernidad no puede ser el cometido de este artículo, especialmente en la medida que sería imposible de abarcar por su enorme complejidad. Sin embargo, sí podemos destacar, aunque sea de un modo muy sintético, que durante los últimos siglos hemos asistido a un proceso de desacralización y erosión de las tradiciones espirituales europeas, y que este proceso ha sido especialmente dramático en la parte occidental, aquella que ha sufrido las consecuencias del proceso de descristianización y destrucción de todo atisbo de espiritualidad. La conciencia religiosa, que hasta última hora ha resistido en el ámbito rural y en algunas tradiciones y folclore popular, se ha visto cada vez más erosionada y ninguneada, y frente a ese gran foco de valores, principios y la Cosmovisión vital que un Cristianismo, en un estado de debilidad progresiva, ha quedado un enorme vacío que ha tratado de ser rellenado con aquello que Spengler denominaba como «una segunda religiosidad» que ya expusimos en torno al artículo sobre los magos negros recientemente. Sucedáneos pseudoespirituales que más que cubrir un vacío o procurar una suerte de consuelo a la vida humana, huérfana de certidumbres y verdades eternas, conforman un sortilegio capaz de arrastrar a la masa a creencias dañinas y destructivas propias de los tiempos de disolución en que vivimos. 

Antología de ensayos políticos de G. K. Chesterton



Existen pocos autores más prolíficos y con una obra tan extensa y apreciada como aquella del autor católico inglés Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). Sin embargo conocemos a Chesterton en su faceta literaria y poco sabemos acerca de su pensamiento político, y eso a pesar de que nos encontramos ante uno de los autores más heterodoxos y a contracorriente de la Inglaterra del primer tercio del siglo XX. Son precisamente estos factores anteriormente apuntados los que nos han impulsado a dar a conocer su pensamiento político en mayor profundidad a través de una recopilación de artículos que consideramos indispensables para conocer la integridad de la figura de Chesterton. Con anterioridad, en el ya lejano 2015, nos aventuramos con una obra similar en la que sintetizamos el pensamiento de Joseph De Maistre, concretamente con una antología de textos contrarrevolucionarios, donde a través de breves sentencias y reflexiones clasificadas por temas intentamos ofrecer un cuadro claro y conciso de las ideas del autor contrarrevolucionario francés. Con la presente obra el propósito es similar, puesto que los artículos que componen el libro guardan una relación muy estrecha con la crisis de la modernidad, con las contradicciones y paradojas que la emergencia de las masas en la política y la construcción de un aparato burocrático y el sistema de partidos que desemboca en la configuración de nuestros modernos sistemas políticos.

A pesar de la distancia temporal que nos separa, que las coyunturas político-ideológicas del mundo de Chesterton poco tienen que ver con las actuales en muchos aspectos y que la crisis de la modernidad como tal no se proyectaba sobre la época como hoy día, dado que poseemos una mayor perspectiva de los acontecimientos, lo cierto es que los textos políticos de Chesterton no pierden un ápice de actualidad porque aborda temas que, en el fondo, están a la orden del día. Aquellos que conozcan algo sobre la obra de Chesterton sabrán que nuestro autor no era dado a las medias tintas ni a juicios timoratos o a las tibiezas propias de la corrección política, sino que su filosofía era radical y huía de las simplificaciones y planteamientos unidimensionales. Y lo más loable de sus reflexiones es que no solamente se limitaron a una parte crítica y en sentido negativo (destructivo), sino que planteó un modelo alternativo a los problemas y desequilibrios que la democracia liberal de masas engendró en su seno. De ahí su enorme capacidad para trazar un retrato de su época, en base a la yuxtaposición del plano político, económico y social, dentro del contexto histórico y bajo unas premisas brillantemente definidas.

El retorno del mito de Boris Nad


Desde Hipérbola Janus siempre tratamos de ser fieles a nuestro cometido, y además de presentar ideas novedosas y contenidos inéditos en lengua castellana, también queremos presentar al gran público hispano autores cuyas ideas, aportes y puntos de vista puedan resultar interesantes y nos transmitan una visión de las ideas desde un enfoque diferente al habitual. Tal es el caso de Boris Nad, el autor serbio que nos disponemos a presentar en esta ocasión, y que ha tenido a bien colaborar con nosotros en la traducción de su primera obra en castellano: El retorno del mito. La posibilidad de integrar en nuestro catálogo una obra de esta naturaleza, que viene a representar una parte importante del espíritu con el que nació nuestro proyecto editorial, nos llena de gratitud hacia su autor y su excelente predisposición, que ha facilitado mucho el trabajo en la preparación de esta obra.

Boris Nad es un autor con una trayectoria y una experiencia contrastada desde hace muchos años, concretamente desde 1994, cuando publica su primer libro, y es autor de un buen número de obras de carácter ensayístico y literario. Al mismo tiempo vemos unos intereses e inquietudes que se mantienen constantes y como una suerte de hilo conductor a lo largo de toda su trayectoria como escritor; el mito y la historia conforman el bagaje más destacado de su producción literaria, que ya ha sido traducida en multitud de idiomas, entre los que podríamos citar el inglés, ruso, alemán, eslovaco, portugués, griego y, finalmente, también castellano.

Sexualidad, modernidad e iniciación


Sexualidad en el mundo moderno


En artículos precedentes hemos tratado el tema sexual desde una perspectiva tradicional, prefigurando algunos aspectos que nos disponemos a ampliar, y en el último artículo hablamos sobre la denominada «revolución sexual», impulsada por Herbert Marcuse y otros ideólogos como Michel Focault. La sexualidad y el interés por la misma, así como la forma de vivirla, ha adquirido una nueva dimensión dentro del ámbito más íntimo y personal. Como parte de ese individualismo hedonista, que únicamente busca complacer placeres puramente personales, y por tanto puramente egoístas, la sexualidad se ha convertido en un placer que, merced a este hedonismo, ha relegado al individuo a un aislamiento todavía más acusado, a una anomia, como diría Durkheim, cada vez más asfixiante y autodestructiva. Nos estamos refiriendo a un acto tan cotidiano, y muchas veces tan poco confesado, como es la masturbación. La masturbación es un acto que cualquier persona realiza con cierta regularidad en su intimidad, tanto hombres como mujeres, y que pueden llegar a condicionar el desarrollo normal de su existencia. Para muchos puede parecer un acto inocente, personal, e incluso natural que no incumbe a nadie más que a quien lo pone en práctica. Sin embargo, y a la luz de los grandes cambios experimentados en las últimas décadas, sostenemos que eso no es así, y que es un problema que podemos integrar en un espectro ideológico más amplio y que lejos de suponer una forma de «liberación» merced a los instintos supondría más bien la esclavitud del cuerpo y de la mente frente a los bajos instintos y todo lo que domina el subconsciente.

La sociedad moderna, y más concretamente la posmoderna, se ha convertido en una especie de gran acto masturbatorio, en la cual hombres y mujeres deben mostrarse atractivos y sensuales, como trozos de carne, como auténticos penes y vaginas andantes, siempre dispuestos a suscitar el despertar de esos bajos instintos. Lo vemos permanentemente a través de los mass media, mediante su publicidad, su programación televisiva, en la cual los estímulos sexuales son omnipresentes y actúan bajo una dirección inteligente y planificada para excitar los sentidos, para provocar un orgasmo permanente, que como decía Evola, es lo que define precisamente la concepción de la sexualidad en nuestro mundo moderno como una suerte de obsesión. Son estímulos que afectan especialmente a la parte psíquica y que no se concretan en su vertiente fisiológica, con lo cual aquellos que son receptores de estos estímulos se encuentran sobreexcitados y no compensados, es lo que forma parte de esa concepción enfermiza de la sexualidad en la modernidad. Bajo estas premisas, precisamente, han prosperado tendencias y expresiones típicamente modernas como la denominada «revolución sexual» a la que hacíamos alusión en el escrito precedente.

El mito de la contracultura

Mayo del 68 y Nueva Derecha 


La sociedad actual está fundada sobre una serie de principios que, consciente o inconscientemente, actúan sobre la mentalidad y conducta de las personas que la integran. Es muy común, especialmente entre aquellas generaciones más jóvenes, y las que no lo son tanto, repudiar cualquier tipo de autoridad, por justa y necesaria que ésta pueda ser. Tampoco es del gusto de la mayoría que se adopten posturas o posicionamientos que entrañen radicalidad alguna, y no ya en el desfigurado sentido actual, de acuerdo con su acepción moderna, que implica «extremismo» o «defensa de lo irracional», sino en su mismo sentido etimológico, bajo la idea de aquello que posee raíces, y como tal responde a un posicionamiento fundamentado, arraigado y, en cierta medida, inamovible e inmutable. A la sociedad actual no le apetece que los principios fuertes, fundamentados y con raigambre tomen demasiado protagonismo, para éstos es mejor moverse en la inanidad de lo voluble y cambiante; en ideas, principios o posturas que no entrañen demasiada intransigencia, aunque estén fundados en la Verdad y respondan a una Tradición o una dilatada experiencia histórica. Así es nuestra sociedad, se mantiene en una huida constante con el compromiso y la firmeza en las ideas.

Una imagen de las protestas del mayo del 68 en París
Pero si volvemos la vista atrás, si tratamos de profundizar en la génesis de todos estos cambios de naturaleza sociológica, histórica, e incluso espiritual, de la forma de pensar y la mentalidad hoy predominantes, siempre debemos tomar en cuenta lo que se conoce como el movimiento de la contra-cultura, o la rebelión contra la sociedad de los padres, tan simbólicamente ejemplificada a través del denominado «mayo del 68 francés», que pese a ser un movimiento considerado como cultural, en lo fundamental, ha marcado una hegemonía en el terreno de los valores y de la visión de lo político en los años sucesivos. 

Hay un fenómeno que surge en paralelo a todos estos movimientos que marcan una revolución cultural de inequívoca impronta izquierdista, y es la denominada Nueva Derecha, fundada por Alain de Benoist durante esos años finales de la década de los 60. El planteamiento de este nuevo proyecto intelectual podía ser tan rompedor y novedoso como el que acompañó al mayo del 68, y que marcó una nueva hegemonía de la cultura y los valores progresistas. La Nueva Derecha hablaba desde una perspectiva muy alejada de aquella planteada por la vieja derecha liberal y economicista, nostálgica y anquilosada en viejos y caducos valores, afectada por la parálisis y huidiza respecto a cualquier debate de las ideas. Esta corriente fundada por el pensador francés trataba de romper con todas esas referencias para dotarse de un arsenal ideológico muy diferente en vistas a un combate por la hegemonía cultural, readaptando el discurso a nuevos retos y situaciones y teorizando dentro de un plano metapolítico. Frente a cualquier reduccionismo o condicionamiento unívoco, la Nueva Derecha de Benoist planteaba una visión holística del hombre, como un ser dotado no solamente de pura biología, sino como un producto de la historia, la cultura, la civilización y otros acontecimientos dentro del ámbito de lo contingente. Hablamos entonces de una concepción mucho más dinámica que aquella que poseía la vieja derecha que fue derrotada en el mayo del 68. 

Alain de Benoist 


Ahora bien, la Nueva Derecha fue un movimiento que tuvo un eco más bien limitado en su momento, y que dada su naturaleza más intelectual, con una innegable y enorme labor crítica, no tuvo un impacto social tan considerable y, ni mucho menos, veremos muchas referencias a la labor de los autores asociados a esta escuela de pensamiento, ni a sus publicaciones, como es el caso de Nouvelle Ècole, el GREECE, constituido como una suerte de think thank o toda la producción de obras, debates y escritos en general de las últimas décadas.