Emil Cioran: una crítica a la idea del progreso histórico de Daniel Branco



Durante los últimos meses hemos estado trabajando en una obra que ha supuesto un reto para nosotros, tras poco más de 20 títulos publicados, al tratarse de un libro denso y complejo, tanto por su carácter filosófico, como por el autor tratado, que no es otro que Emil Cioran, una figura de primera magnitud en la historia del pensamiento del pasado siglo XX, poco conocida y quizás menos entendida por el gran público. De modo que la obra que nos disponemos a presentar: Emil Cioran: una crítica a la idea del progreso histórico del autor brasileño Daniel Branco (Fortaleza, 1985) constituye un logro notable en el objetivo, siempre complicado, de dar a conocer visiones alternativas y/o críticas de la Modernidad, o más concretamente de la Posmodernidad, que es el ciclo histórico en el que nos hallamos insertos en estos precisos momentos.

Antes que nada sería necesario elaborar una breve reseña biográfica del autor que nos ocupa, del filósofo franco-rumano Emil Cioran, eminente figura intelectual de una época especialmente prolífica en el pensamiento y las letras en Rumanía. De hecho no debemos olvidar que Mircea Eliade (1907-1986), quizás el etnólogo e historiador de las religiones más importante del pasado siglo, fue parte de su generación, y como él terminó abandonando Rumanía, en su caso rumbo a Estados Unidos, aunque desarrolló algunos años de su actividad académica en Francia, como el propio Cioran. Daniel Branco nos ofrece un lúcido y revelador retrato biográfico de Emil Cioran a través de su infancia, adolescencia, y primera juventud, donde de algún modo se encuentran los elementos donde podemos radicar las bases fundamentales de su pensamiento, su peculiar estilo literario y esa suerte de «ascetismo» descreído que le acompañó en los avatares de su existencia, especialmente desde su traslado a Francia.

Daniel Branco, el autor de la obra
Como bien nos señala Branco desde la misma introducción a su obra, no podemos considerar a Emil Cioran estrictamente un filósofo, ni podemos aventurarnos a aplicarle etiqueta alguna sin el riesgo de caer en el equívoco y el error. Y lo cierto es que para alguien tan heterodoxo y «huidizo» cualquier calificativo corre el riesgo de caer en la inexactitud, eclipsando, oscureciendo o desfigurando el verdadero rostro de sus ideas y su comprensión. De ahí que el mérito de Daniel Branco a la hora de afrontar el estudio de un pensador de estas características sea tan notable y meritorio.