OVNIS y alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión



Una vez más, después de casi un lustro de existencia, Hipérbola Janus se complace en presentar a sus lectores un libro que lleva un título que puede resultar un tanto chocante para nuestros seguidores habituales.

«OVNIS y alienígenas: Origen, historia y prodigio de una pseudorreligión», del prestigioso autor italiano Gianluca Marletta, es un libro que representa una novedad respecto a otros títulos y temáticas anteriores. Sin embargo, el título y contenido de la obra encajan perfectamente en la línea editorial que hemos trazado hasta el momento. En el comienzo de nuestra andadura, allá por el año 2014, publicamos dos obras de Giuliano Kremmerz, relacionadas con el ámbito «mágico-esotérico», bajo los títulos de «La puerta hermética» y «El Tarot y la Filosofía», donde hallamos interpretaciones acerca del Hermetismo y sus claves simbólicas a la luz de una serie de doctrinas que conocen un desarrollo muy peculiar durante el siglo XIX. Estas obras guardan una relación muy directa con la Teosofía de Helena Blavatsky, conocida como «Madame Blavatsky», o aquellas del Espiritismo de Allan Kardec. La extraña amalgama de elementos del mundo Oriental, junto a doctrinas pretendidamente sapienciales y la presencia de la mentalidad típica del positivismo burgués decimonónico, dan lugar a unas obras muy peculiares, que forman parte de ese «espíritu» donde tuvo lugar la génesis de muchas de las temáticas que, modernamente, se han popularizado en nuestra sociedad actual, entre las cuales aquella de los OVNIs no es, precisamente, una excepción.

Con la obra de Gianluca Marletta estos elementos que aparecían preconizados en la obra de Kremmerz, inspirando los contenidos de las dos obras citadas, vuelven a aparecer como parte de un escenario un tanto particular en el que se analizan los elementos y el itinerario histórico bajo el que el fenómeno OVNI ha prosperado, generando no pocas sorpresas e impactantes revelaciones entre aquellos lectores menos avezados y más bisoños en esta materia.

Bien es sabido que en el mundo moderno este tipo de temas suscitan un interés creciente, en la medida que se abordan cuestiones que podríamos calificar de «extraordinarias» y «fuera de lo normal», y que como tales que generan adhesiones, con la participación de legiones de apasionados y entusiastas seguidores de este tipo de fenómenos, pero que, al mismo tiempo, da lugar a posiciones contrarias, con la aparición de multitud de detractores y escépticos que se niegan a dar crédito a nada que no pueda someterse al método científico y que cuente con el apoyo de «voces autorizadas» del mundo de la ciencia y la cultura en general. En este sentido último la presente obra también depara innumerables sorpresas por la cantidad de autores de renombrado prestigio que se han interesado por el fenómeno de los OVNIs.

Posmodernidad y orden moral

En los últimos tiempos mucha gente habla, a priori no sin razón, de la inexistencia de un orden moral. Muchos rememoran con cierta melancolía la existencia de tiempos pretéritos donde el individuo tenía un asidero normativo y de valores donde apoyarse ante los dilemas que la vida pudiera plantearle. La comparativa entre el mundo del Ayer, forjado sobre sólidos e inamovibles principios, sobre una moral tradicional que durante la época de la Contracultura fue denominada como aquella de «la sociedad de los padres», dio paso a una etapa en la que la debacle ético-moral, la disgregación de los valores colectivos y orgánicos, y el triunfo de los (anti)valores disgregados del individuo parecieron dominarlo todo. Durante el último medio siglo hemos vivido una situación de regresión moral y, en nuestra opinión, espiritual, de tal magnitud en medio de una dinámica acelerada y desbocada de un tiempo que parece precipitarse hacia su propio fin.



Sin embargo, y pese a las apariencias, nos hallamos inmersos en una curiosa paradoja, y es que lejos de la inexistencia de un orden moral, nos encontramos inmersos en un nuevo orden moral. Y es un hecho generalizado que abarca a todos nuestros contemporáneos, al menos en las sociedades occidentales, donde este nuevo orden moral rige nuestras vidas y regula nuestro comportamiento de forma permanente. Curiosamente, aquellos que se han erigido como referentes de ese nuevo orden moral prefieren hablar de ética para evitar las connotaciones religiosas que pudieran derivarse del término y quizás también por la prevalencia de un pensamiento laicista generalizado, y eso a pesar de que ambos términos, en su raíz etimológica (ética y moral) hacen referencia a la misma noción.

Pese a que las formas de moral tradicional estén desapareciendo, ello no quiere decir que ésta no venga sustituida por otro sistema para cumplir una misma función, aunque esté dotada de un contenido radicalmente distinto. La propia naturaleza humana, el gregarismo que le es inherente, es el que trata de infundir un patrón básico de comportamiento en aquellos individuos que la integran. Atendiendo a una cierta dialéctica entre los dos sistemas morales, aquel que va desapareciendo y el otro que ha venido a ocupar su lugar, hay una diferencia sustancial entre ambos: mientras que la antigua moral venía a forjar el comportamiento, las normas y los valores del individuo en su interacción social, dentro del contexto de la comunidad, el nuevo orden pretende imponer un rígido sistema moral a la sociedad, sin pensar en los individuos que la integran. El peso del deber moral pasa de lo colectivo a lo individual. Las antiguas virtudes estaban reguladas por un principio del «bien» y de la «justicia», que tienen ciertas reminiscencias platónicas, y que implicaban un actuar justo dentro del cultivo de determinados comportamientos y actitudes de carácter objetivo. En la actualidad el «bien» y la «justicia» han adquirido otro matiz sensiblemente diferente, orientado a ajustar los comportamientos, ideas y juicios de valor a un determinado patrón, a un cierto ideal de cómo deberían ser las cosas. Obviamente esa imagen ideal no tiene en cuenta como han sido las cosas hasta ese momento, como se han desarrollado en su devenir histórico y como han llegado hasta nosotros. Ignora la genealogía más básica de la sociedad inmediatamente anterior, y pretende reducir todos sus aspectos complejos, la raigambre profunda que los pertrecha, a una simple categoría móvil y reemplazable, carente de valor y sujeta al capricho de cualquier ingeniería social.