¿Tradición y/o nihilismo?: Lecturas y relecturas de «Cabalgar el tigre»

Este proyecto editorial nació hace 5 años bajo una relación íntima y muy profunda con los autores de la Tradición. Desde Julius Evola, autor fundamental para quienes integramos Hipérbola Janus, pasando por René Guénon, Frithjof Schuon, Guido de Giorgio o Attilio Mordini, publicado en castellano por primera vez por nuestro sello editorial, siempre nos hemos sentido cercano a los intérpretes de la Tradición Primordial, con todos los discursos y enfoques específicos que se dan en cada uno de ellos.

¿Tradición y/o nihilismo?: Lecturas y relecturas de Cabalgar el tigre es un libro que se enmarca dentro del terreno del Tradicionalismo en su vertiente evoliana, cuya labor hermenéutica resulta de una notable utilidad para comprender en su verdadera dimensión la conocida obra de Julius Evola. Además cuenta con la ventaja de la perspectiva histórica, puesto que nuestra obra fue publicada en 1988 por iniciativa de las Edizioni Barbarrossa, con Maurizio Murelli al frente y un elenco de autores de reconocido prestigio como son Alessandra Colla (1958), Carlo Terracciano (1948-2005) y Omar Vecchio (1962-2000).

Cada uno de los autores aportan su visión de la obra desde sus propias perspectivas y formación poniendo el acento en un aspecto diferente de la misma, enfrentándose a la incomprensión o las lecturas erradas desde ciertas lides ideológicas, al problema del nihilismo en Nietzsche y Heidegger, y las estrategias y actitudes que suscita su lectura casi 30 años después de su publicación.

¿Pero cuál fue la génesis de Cabalgar el tigre? ¿Cuál fue el contexto y que posturas se derivaron de su publicación?

Una publicación accidentada: Vanni Scheiwiller y Julius Evola


Es por este motivo por el cual hemos considerado oportuno acercarnos a la que muchos consideran la obra más influyente y paradigmática del ámbito tradicional. Nos referimos, evidentemente, a Cabalgar el tigre, publicada en 1961 por el pensador tradicionalista italiano Julius Evola. La obra en sí misma, al margen del contenido teórico de sus ideas, tiene su propia intrahistoria, y sus correspondientes prolegómenos en la relación entre el editor milanés Vanni Scheiwiller (1934-1999) y el propio Julius Evola. Ambos protagonizaron un interesante intercambio epistolar que se conserva íntegramente y forma parte de los archivos de la Universidad de Milán, quien lo adquirió en el año 2004. Scheiwiller formaba parte de una familia suizo-italiana con vínculos profundos con la actividad editorial y el arte desde hace varias generaciones.

El encuentro entre el autor y el editor vino precedido a comienzos de la década de los años 60 por el interés mostrado por un grupo de jóvenes críticos del arte de vanguardia, que se encontraban inmersos en la búsqueda de los rastros de los precursores italianos del surrealismo y el dadaísmo. Entre estos jóvenes se encontraba el mencionado Vanni Scheiwiller, y entre aquellos autores a los que llegaron en todas sus pesquisas el nombre de Evola siempre aparecía como el gran referente, motivo éste por el cual se remitieron directamente al pensador romano para recabar información sobre los inicios del Dadaísmo. Estos jóvenes críticos descubrieron que a pesar de las aportaciones de nuestro autor al arte de vanguardia en Italia entre las décadas de los 10 y comienzos de los 20, su nombre era injustamente olvidado en las monografías dedicadas a las mencionadas corrientes artísticas, y solamente fuera de Italia se le reconocían tales méritos. De modo que la etapa artística, superada ya por un Evola en la última fase de su vida, fue la que motivó el contacto con Vanni Scheiwiller, por aquel entonces en el ecuador de la veintena y recién licenciado en filosofía y letras con una tesis sobre el surrealismo.

Vanni Scheiwiller (1975)

Por aquel entonces la figura de Evola ya había sido objeto de agrias polémicas, y estaba considerado como un autor restringido a unos pocos iniciados, de carácter fuertemente elitista y condenado al ostracismo por las grandes casas editoras italianas. La reacción de Evola ante el emergente interés por su etapa artística le generó cierto escepticismo en un principio, y más cuando los jóvenes críticos organizaron una muestra retrospectiva en noviembre de 1963. Nuestro autor consideraba ésta como una etapa superada cuarenta años atrás, y que en contraste con las etapas sucesivas, incluida aquella filosófico-idealista, tampoco fue un «capricho de juventud» ni renegaba de ella, sino que más bien se mostró como una tendencia de carácter interno y personal, tal y como el propio Evola declaró en su momento.

Scheiwiller y Evola trabaron una relación personal y ésta fructificó a nivel intelectual y editorial, y en consecuencia nacerían una serie de propuestas de publicación. Scheiwiller tenía la intención de incidir en la vertiente vanguardista de antiguos textos dadaístas, pero el pensador italiano tenía en mente otros proyectos, y más concretamente uno en el que llevaba trabajando al menos una década, y no era otro que Cabalgar el tigre, protagonista de la obra que nos disponemos a presentar. En palabras de nuestro autor la citada obra suponía la entrada en una nueva etapa, y al mismo tiempo una decepción respecto a las esperanzas depositadas en las fuerzas de la Tradición, en sus posibilidades de subvertir el orden actual mediante una obra rectificadora.

Este mundo en el que Evola madura sus posicionamientos es aquel de la Guerra Fría en su punto álgido, cuando los dos grandes polos geopolíticos del momento, la Unión Soviética y Estados Unidos, viven sus momentos más tensos. Ante esta situación de profunda y grave crisis existencial aquellos tipos humanos ajenos al mundo moderno, orgánicos y diferenciados, precisan de orientaciones para afrontar los grandes problemas que se plantean sin aislarse ni quedar al margen de nuevos acontecimientos. Ante esta perspectiva el planteamiento de Evola es el siguiente: El hombre orgánico necesita operar profundos cambios en su comportamiento si no quiere verse aniquilado por la vorágine de acontecimientos destructivos desatados por doquier, y por ello debe mantenerse firme y tratar de transformar lo negativo en positivo, el veneno en medicina, y esa es la piedra angular de Cabalgar el tigre. Desde las posturas descritas, Julius Evola extiende sus análisis a todos los niveles de la realidad del mundo moderno: desde la religión, la moral, el sexo, el arte moderno, las drogas, el existencialismo, el problema de la muerte etc.

Por otro lado Julius Evola consideraba la existencia de problemas logísticos e ideológicos entre las principales casas editoras de la época, como en el caso de Bocca, Laterza, Bompiani, Mondadori o Longanesi. En el caso de las dos primeras ya habían publicado varias obras, mientras que en las restantes había marcadas diferencias en lo ideológico, además de las consideraciones de Evola hacia un cierto diletantismo y veleidades intelectualoides presente en la mayoría de ellas. Mientras, en el caso de Atanor, por ejemplo, los problemas eran más de naturaleza logística, dado que era una editorial de carácter artesanal, muy orgánica en sus producciones de libros, pero con una red de difusión excesivamente reducida para publicar Cabalgar el tigre, dada la ambición de Evola de llegar a un público más amplio. De ahí que Scheiwiller se decidiera a proponer su publicación bajo su propia iniciativa editorial, especialmente cuando a todos los impedimentos y obstáculos descritos, se añadía una voluntad de silenciar desde la «cultura oficial» los escritos evolianos y hay un buen número de hechos que atestiguan una voluntad deliberada de eliminar al autor romano de la escena cultural y editorial de la época.

En este escenario tan complicado y hostil Vanni Scheiwiller decidió asumir la publicación de Cabalgar el tigre como un reto personal, dado que se identificó con la situación, puesto que él mismo había sido hostigado por la publicación de determinados autores considerados como prohibidos. En realidad, como ya hemos apuntado con anterioridad, el libro estaba terminado desde hacía una década, a comienzos de los años 50, en un momento en el que otras grandes obras del autor italiano eran publicadas, como Los hombres y las ruinas (1953) o reeditadas como en el caso de Revuelta contra el mundo moderno. No obstante el libro sufrió varias correcciones a lo largo de los años y, ciertamente, no conoció su estado definitivo hasta julio de 1960. Los trabajos de edición se prolongaron hasta noviembre de 1961, y salió a la venta finalmente a comienzos de 1962 con una tirada de 1500 ejemplares, que se terminaron por agotar 10 años después. La realidad inicial fue que el impacto de su publicación fue bastante limitado y circunscrito a una facción de la Destra. No sería hasta los convulsos años de la Contestación cuando Cabalgar el tigre terminaría por generar adhesiones y entusiasmos en los ambientes juveniles, y sorprendentemente no solo entre aquellos jóvenes de Derechas, sino también de Izquierdas. En 1973, ante el exitoso redescubrimiento de la obra, se planteó una nueva reedición, respecto a la cual Adriano Romualdi diría:

Cuando un libro como Cabalgar el tigre, entre los dos o tres libros fundamentales de Evola, circula durante diez años en una edición de 1500 ejemplares, no se puede lamentar si se escucha decir que la Destra no tiene temáticas propias. Es la insensibilidad de un cierto sector hacia todo aquello que pueda generar una cierta indiferencia lo que condena al silencio a un libro como este, que hace diez años había sacado a la luz todos los motivos de la llamada contestación. 

Segunda edición de la obra (1973).

Frente al éxito tardío o postergado de la obra, las reacciones no se hicieron esperar, y durante las primeras semanas de 1962 Scheiwiller recibió todo tipo de insultos y amenazas por su publicación. En muchas librerías los nuevos ejemplares desaparecieron de los estantes y escaparates ante las protestas de los clientes habituales. Además del boicot y el rechazo que suscitó el libro de Evola, las protestas afectaron al resto del catálogo editorial de Vanni Scheiwiller, All'Insegna del Pesce d'Oro, con la correspondiente queja de muchos de los autores que compartían sus títulos con aquel del pensador romano. Pero lejos de amedrentarse el joven editor lanzó una carta abierta, publicada en febrero de 1961, dirigida a todos aquellos que desde los prejuicios, la ignorancia y la mala fe habían boicoteado a la obra y al autor romano, haciendo frente a cada una de las críticas, aludiendo personalmente a quienes las perpetraron y defendiéndose con entereza y decisión frente al contubernio generado entre editores e intelectuales por la publicación de Cabalgar el tigre.

Un problema existencial


Evola parte de una premisa fundamental: en el mundo actual es completamente imposible recuperar o reconstruir el orden tradicional como tal, el hombre moderno carece de la capacidad para comprender o interpretar los símbolos o ritos tradicionales. Al mismo tiempo la vida disgregada y totalmente desvinculada de lo trascendente constituye una peligrosa tentación para que el hombre termine abandonándose a sí mismo, cuando no a caer víctima de peligrosas corrientes pseudoespirituales de origen subterráneo, formas oscuras y larvadas estrechamente relacionadas con la subversión. Ante la ausencia de un punto de apoyo capaz de impulsar al hombre a través de una vía iniciática regular, Evola desarrolla una técnica de superación ascética para generar una suerte de autotrascendencia, que vemos reflejada en La doctrina del Despertar, en lo que es un estudio bastante completo sobre el Budismo de los orígenes. En este sentido no hay una voluntad de conversión, sino, más bien, de aprovechar un conjunto de métodos y técnicas destinados a despertar fuerzas interiores. La fórmula necesaria para resistir al tiempo del oscurecimiento de la conciencia desde una postura activa y combativa.

En concordancia con estos posicionamientos tenemos las ideas de Cabalgar el tigre, que lejos de ser un «Evangelio del terrorismo de Destra», la apelación a un individualismo anárquico y violento o simplemente entregado a un nihilismo ciego, representa la maduración de una serie de procesos especulativos vinculados a las posibilidades de la Trascendencia en el mundo moderno, de reconectarse con ésta sin terminar aniquilado por las incontrolables fuerzas de la disolución. La preocupación por cuestiones de orden existencial aparecen muy tempranamente en el pensamiento evoliano, y ya a comienzos de los años 30 en distintos artículos muestra la preocupación por el abandono de la tensión espiritual, el evasionismo romántico y conductas débiles y sentimentales, así como la necesidad de ir al encuentro de cosas duras, con total frialdad y objetividad en el ámbito de lo real, muy en la línea de aquel «practicar la dureza con uno mismo» nietzscheana. Este aspecto de su pensamiento, que incide en la idea del autodominio, al final resulta ser el más preciado para el hombre actual, sobre todo para purificarse de aquellos aspectos más humanos y limitados tan denostados por Evola. Estas ideas las vemos planteadas como una constante desde los años 30 hasta los años 60. No en vano, otro autor de referencia durante esa época con unas conclusiones muy similares en su obra será Ernst Jünger. El escritor alemán, al igual que Evola, también reclama un nuevo tipo humano, orgánico y heroico, en El Trabajador, en base a unas fuerzas no humanas que se han desatado y de las que no es posible escapar. Las nuevas circunstancias que imponen las grandes destrucciones y la mecanización impone la necesidad de un nuevo modelo de valores éticos y una nueva actitud ante la vida. En ese contexto que plantea Jünger la Tradición ya no aspira a imponerse sobre el actual orden de cosas, con lo cual su papel debe transformarse como parte de una estrategia y una guía existencial destinada a dirigir y aprovechar las nuevas fuerzas desatadas. Son estas ideas las que Evola va madurando desde la década de los 30 y que plantean las relaciones entre el individuo y la Trascendencia.

De todo este contexto nace en parte el tipo humano diferenciado del que nos habla Evola, aquel hombre que no se siente parte del mundo presente, de sus categorías ético-morales y existenciales, y que no tiene porqué coincidir con un militante político de Destra ni de un espectro ideológico análogo, sino que puede ser cualquier persona vinculada al pasado, extraña al mundo actual, porque, parafraseando al Zaratustra de Nietzsche, es un libro para todos y para nadie. Un tipo humano que no se resigna al aislamiento y que a pesar de la distancia interior aborda de frente las situaciones que se le presentan en el mundo actual.

Esta sería, muy breve y sintéticamente, parte de las actitudes y las ideas que vertebran la obra de Julius Evola, y que son sometidas a un profundo y sistemático análisis por Alessandra Colla, Carlo Terracciano y Omar Vecchio en sus respectivos escritos, sustanciados por infinidad de variables y comparativas que enriquecen y facilitan la comprensión del texto evoliano. Podríamos decir que esta obra es muy recomendable para todos aquellos lectores ávidos del Maestro Romano, así como para la juventud más inconformista que precise de herramientas y estrategias con las que nutrir su capacidad combativa.