«Eh, pero si ya estamos siendo controlados»


Por Solimano Mutti

«Eh, pero si ya estamos siendo controlados»

(Hermano del «yo no tengo nada que esconder»)

El razonamiento (¡¿razonamiento?!) «eh, pero si ya estamos todos rastreados» no es razonable. Sería como decir «cortadme otro dedo, que ya me habéis cortado uno». «De hecho, cortemos la mano, ya que me habéis cortado dos dedos». O bien «vamos, ya que has matado a mi padre, mata también a mi madre, de todos modos ya era medio huérfano». Que ya estamos rastreados es cierto (y de hecho lo que siempre digo es que deberíamos deshacernos de los smartphone y volver al viejo Nokia), pero razonando el «eh, pero si ya estamos rastreados» es una rendición perezosa que ha permitido al sistema ir subiendo el listón cada vez más. De dejar el número de teléfono móvil a toda multinacional/cadena de negocios, después a las app que ya rastrean (el propio Facebook), luego a la geolocalización (google maps), y más tarde a los juegos que se descargan y que localizan donde estás y donde vas a las mil diabluras de las que dispone un smartphone, que requiere de nuestros datos e identifican las posiciones en el territorio, y Alexa que te conoce mucho mejor de cuanto tú puedes conocerte (con todas las implicaciones vinculadas al control y la manipulación inconsciente que pueden ejercer), a las cámaras por todas partes etc etc. Paso a paso, con el «eh, nada cambia, ya estamos localizados» siempre nos han dado una excusa, una autoabsolución y siempre hemos permitido o aceptado una invasión gradual, y ahora que el listón se eleva una vez más (app «covid») continuamos absorbidos por nuestra pereza, con la cual hemos aceptado el control social en el pasado.

Revista Mos Maiorum, número II, Primavera del 2020

Mos Maiorum

Número II - Primavera 2020

2020

979-8625757775

Hipérbola Janus

110

★★★★★


En primer lugar querríamos disculparnos con nuestros lectores, puesto que el segundo número de Mos Maiorum debería haber salido a la venta el pasado mes de febrero. Las razones por las que finalmente terminó de posponerse hasta estos días son totalmente ajenas a nuestra voluntad. Sería un poco accidentado exponer estas razones a nuestro público, porque vivimos una época realmente extraña, pero podríamos aducir de un modo más o menos general, que la censura respecto a la libre difusión de ideas ha sido el principal obstáculo con el que hemos tenido que lidiar. Y éste no es ya un problema particular que nos afecte como editores, o una cuestión que solamente tenga que ver con periodistas, grupos mediáticos o grandes empresas, sino que se está convirtiendo en una realidad cotidiana, que nos afecta en los aspectos más íntimos de nuestra existencia.

En el transcurso de los últimos meses hemos experimentado transformaciones intensas, todas de carácter negativo y altamente lesivas en lo psicológico, en lo moral, en lo social, en lo económico e incluso en el terreno espiritual. La pretendida pandemia se ha convertido en una herramienta esencial para lograr eso que en estos días Pedro Sánchez llama la «gobernanza mundial», que no viene a ser otra cosa que un eufemismo de una realidad que ya es imposible ocultar por más tiempo: la liquidación de la soberanía nacional de nuestras Patrias y de los derechos y libertades personales, de aquellas pocas que el liberalismo y el consecuente proceso de mundialización nos ha venido permitiendo. Lo hemos declarado en un artículo anterior, del pasado mes de marzo, y lo volvemos a hacer en el presente artículo de presentación: el Globalismo es una ideología perniciosa y de raíz satánica que tiene un afán destructivo y liberticida sin límites, que atenta contra los principios más elementales de la vida humana, que se dota de las armas más destructivas y deshumanizadas que la perversa Modernidad ha engendrado.

Nosotros, como cualquier persona de bien, que crea en la dignidad humana, en la necesidad del hombre de realizarse material y espiritualmente a lo largo de su existencia, de atender a unos principios, a una ética del honor, vamos a defender siempre la libertad y vamos a combatir, desde nuestras modestas posiciones, las ideas que condenen al hombre y a los pueblos a la abstracción permanente, a ser un ser anónimo sin rostro subsumido en la «humanidad» o en cualquier proyecto de ingeniería social que contribuya a anular aquello que hay de único y peculiar en cada Persona (que no individuo) y en cada Pueblo. Los derechos de las Personas y de los Pueblos se encuentran por encima de cualquier ambición plutocrática y usurocrática sustentada por los poderes mundialistas y aquellos que los mueven entre bambalinas. Este es uno de los puntos fundamentales que anima nuestro proyecto editorial, y que nos espolea permanentemente en nuestro incansable idealismo quijotesco, al cual invocamos con un orgullo nada disimulado.