Reseña: Los antimodernos, de Antoine Compagnon

Los antimodernos

Antoine Compagnon

2007

978-8496489790

Acantilado

256

★★★☆☆


La obra de Antoine Compagnon, Los antimodernos, parte ya de inicio de una serie de tesis que resultan especialmente chocantes, empezando por la idea de que los antimodernos, en un calificativo que hace extensivo no solo a una serie de pensadores políticos, sino a un amplio espectro cultural y literario, son en realidad los representantes más cualificados de la modernidad. De hecho, la derrota del tradicionalismo en el ámbito político y social a lo largo del siglo XIX y las diferentes vicisitudes en su lucha contra el orden liberal, hizo que la literatura se convirtiera en un refugio para los representantes e ideas de esta corriente. 

Hay una serie de elementos que caracterizan a esta amplia pléyade de autores antimodernos, desde De Maistre y Chateaubriand hasta Ezra Pound o Drieu de La Rochelle: todos ellos se mueven entre el dandismo y un profundo pesimismo que se proyecta en sus ideas contrarrevolucionarias y anti-ilustración. Lo antimoderno rechaza la modernidad en términos del mal absoluto, desde una raíz teológica que puede pasar más o menos inadvertida pero que traduce una realidad en términos morales y metafísicos y que se expresa a través de la vituperación o imprecación. Frente al optimismo antropológico de la modernidad progresista, el antimoderno se considera un desarraigado y un exiliado interior, muchas veces consagrado a un ideal estético de belleza ideal, frente a los grandes dogmas e ideas promovidos por el liberalismo que se va imponiendo a lo largo del siglo XIX. 

Reseña: 1984, de George Orwell

1984

El gran hermano te vigila

George Orwell

2001

Destino

298

★★★★☆


Hemos creído oportuno que en esta ocasión lo más adecuado era reseñar una obra como 1984, a la que podríamos considerar la novela distópica de ciencia ficción por antonomasia, la obra más arquetípica respecto a este género que cuenta con ilustres y no menos conocidos títulos en su haber. Y decimos que ahora era el momento de reseñar tal libro porque aquello que nos narra a lo largo de sus casi 300 páginas tiene unos paralelismos cada vez más asombrosos e inquietantes con lo que estamos viviendo a día de hoy, ya en plena distopía, que ya no es tal, sino que es una realidad que transforma nuestras vidas y nos genera incertidumbre, además de modo dramático, con cada día que pasa. Nos referimos, claro está, a toda la farsa del covid19, que algunos han rebautizado, no sin razón, como «covid1984». 

No vamos a entrar en consideración respecto al contexto del autor y de la obra, dado que lo esencial y lo sustancial lo encontramos en la narración y el contenido de la propia novela. Sin embargo, referiremos brevemente que la fecha de publicación fue 1949, tras la Segunda Guerra Mundial y en pleno escenario de Guerra Fría, con los dos bloques geopolíticos que dominaron el mundo en una pugna continua (al menos aparente) durante casi medio siglo. La amenaza no ya de una guerra nuclear y de aniquilación pesaba sobre las conciencias de las gentes de aquella generación, y la experiencia del comunismo soviético bajo el poder autocrático de Stalin sirvió de inspiración a Orwell, que hace referencia a la propaganda del régimen del Gran Hermano, en la ficticia Oceanía, respecto a un pasado capitalista anterior a la revolución basada en la esclavitud y servidumbre por parte de los obreros al tiempo que presumen haber elevado el nivel de vida de sus ciudadanos mediante imbricadas técnicas de manipulación y falseamiento del pasado que iremos viendo a lo largo de la reseña. En cualquier caso, el escenario donde transcurre la novela es Londres, y pretendía, de algún modo, imaginar cómo sería la vida en Reino Unido bajo un régimen totalitario de inspiración soviética. 

La historia que nos cuenta la novela se desarrolla, como decíamos, en un Londres distópico del año 1984, y el personaje principal es Winston Smith, de 39 años, que trabaja en el llamado Ministerio de la Verdad, es un funcionario del Partido Exterior. Su tarea consiste en cambiar la realidad de los acontecimientos pasados y hacerla cuadrar con aquella deseada por el Partido, cuyo poder es omnipresente y omnipotente, y con la facultad de alterar el pasado y cambiarlo a voluntad. Smith es un hombre gris y triste, con una vida solitaria y marcado por los recuerdos turbios de una infancia mutilada, por la pérdida de su madre y su hermana en una época indeterminada de la cual solo recuerda retazos y que le hace sentir culpable. Desde las primeras páginas podemos constatar la presencia asfixiante del Gran Hermano, que es la figura de autoridad que impera en todas partes, con enormes carteles presididos por su rostro bajo la frase nada tranquilizadora: «El Gran Hermano te vigila». Esta vigilancia extrema conlleva la presencia de pantallas y micrófonos que invade la propia privacidad de los miembros del Partido, que deben controlar sus impulsos, gestos y movimientos para no delatar sospechas, como también deben cuidarse mucho de hacer afirmaciones inconvenientes o en el trato e interacción con otros individuos, que trata de ser limitada por la acción del Partido y su ideología oficial, el Ingsoc. Igualmente mostrar sentimientos, emociones, amor, deseo o cualquier otro tipo de afectividad está terminantemente prohibido bajo la amenaza de trabajos en campos forzados o la muerte. Por otro lado tampoco hay leyes, lo que delata nuevamente un poder tiránico, opresivo y totalmente arbitrario. Los habitantes de Oceanía, que es el súper-estado imaginario en el que se ubica Londres, están obligados a entregarse plenamente a los actos de fervor y adoración absoluta al Gran Hermano y al Partido, a las manifestaciones con motivo de una guerra de la que se desconoce casi todo y que Oceanía libra contra Eurasia o Asia Central indistintamente, en lo que son las otras dos superpotencias mundiales en las que se divide el mundo imaginado por Orwell.