Reseña: De Covadonga a la nación española. La hispanidad en clave spengleriana, de Carlos X Blanco

De Covadonga a la nación española: La hispanidad en clave spengleriana

Carlos X Blanco

2019

978-8494959646

Editorial Eas

158

★★★★★



La presente obra que vamos a proceder a reseñar, De covadonga a la nación española, de Carlos X Blanco, ya posee un título lo suficientemente sugerente que invita a la lectura y despierta un gran interés, y especialmente cuando leemos el subtítulo que le viene aparejado como «La hispanidad en clave spengleriana», en cuya introducción Robert Steuckers, destacado intelectual del movimiento de la Nueva Derecha francesa, nos empieza a esbozar algunas de las ideas que se irán desarrollando a lo largo del libro. Ya de entrada queda de manifiesto una dualidad que ha sido decisiva en la actual configuración de España en el devenir de los siglos, una impronta indeleble que ha condicionado el desarrollo de la nación más antigua del occidente europeo, y es la existencia de dos polos o almas, dos cosmovisiones opuestas y enfrentadas: por un lado aquella que representan los pueblos del Noroeste peninsular, pioneros y artífices de las primeras etapas de la Reconquista desde el Reino de Asturias, marcado por la presencia de un importante elemento celtogermánico, también romanizado pero sin el lastre decadente y crepuscular de las civilizaciones precedentes, y por otro lado los pueblos hispanorromanos del Levante y el Sur peninsular, que caerán bajo la dominación árabe y se configurarán bajo un modelo de civilización diferenciado, marcado por la influencia de civilizaciones caídas o en franco declive, como es el caso de la romana, bizantina o la arábiga. Es precisamente esta antítesis la que se convierte en el eje vertebrador del libro, en el que su autor, Carlos X Blanco, se sirve de las teorías e interpretaciones del notable filósofo de la historia alemán Oswald Spengler y su monumental obra La decadencia de Occidente

No obstante, este ensayo no se queda en un mero análisis de opuestos, sino que a través de sus páginas nos muestra un bosquejo de ideas bastante preciso para delinear la historia de España desde sus comienzos hasta la actualidad en función de las categorías del pensamiento spengleriano. Asimismo nos advierte que hay que entender los planteamientos del filósofo e historiador alemán en su contexto con toda su terminología y métodos interpretativos aunque teniendo en cuenta las limitaciones y errores en los que pudiera incurrir en su obra a lo largo de su trayectoria intelectual. También conviene destacar cómo a través de la última parte del libro se utiliza como referencia a Ortega y Gasset, que nuestro autor califica como «el Spengler hispano» por su visión más elevada de las problemáticas y posibles soluciones al problema de España y por «su comprensión de lo nacional»

Volviendo a la antítesis entre esos dos modelos de civilización que arraigaron en la España de la Antigüedad tardía y los inicios del Medievo, en una suerte de duplicidad que a la luz del pensamiento Spengleriano nos permite distinguir perfectamente el concepto de cultura y civilización tan característico de su planteamiento. La cultura representa el estado de apogeo vital, de las grandes conquistas y realizaciones históricas que determinan un tipo humano audaz y especialmente dotado, que vendría ser el arquetipo de la cultura fáustica, que en el caso hispano vemos reflejado en el Noroeste peninsular, en los territorios comprendidos por el reino asturiano, y que representa la tendencia que sería hegemónica en el resto del orbe europeo bajo la Cristiandad fáustica y donde la presencia del elemento germánico sería fundamental. La base fundacional del reino astur estuvo formada por astures, cántabros y godos pertenecientes a la baja nobleza que habían huído del avance musulmán refugiándose en las montañas del Norte. De esta unión de pueblos, de esta etnogénesis, empleando la terminología del autor, nació un nuevo pueblo, una nueva cultura en sentido spengleriano. Es un pueblo ávido de conquistas, con una conciencia clara y segura sobre la necesidad de expulsar al invasor moro e infiel de la península y de ser portador del Imperium. Es a través del inicio del proceso de la Reconquista como se vehiculiza la nación española, y que tendrá su punto de arranque en tierras asturianas para después encontrar una continuidad en la acción de Castilla. Y respecto a la hegemonía castellana el autor deja entrever cierto prejuicio contra esta, representante de un «concepto mestizo y dudosamente cristiano» que vivía su multiculturalidad de modo traumático, a consecuencia del cual tendrían lugar las expulsiones de judíos y moriscos, la inquisición o la intolerancia. Todo ello debido, según nuestro autor, a la falta de homogeneidad a nivel étnico y religioso derivado de un problema de identidad. Frente a esta el Noroeste representaba una sociedad más homogénea en lo étnico y religioso, con su impronta celtogermana, mucho más homologable al resto de Europa. En este sentido, quizás habría que recurrir a ciertos ensayos que desde hace años han ayudado con una suerte de revisionismo a despejar ciertos clichés y prejuicios que oscurecían la historia de España en sus siglos áureos, como podrían ser Elvira Roca Barea o Iván Vélez, por citar a los más destacados.