Reseña: «La caballería espiritual. Un ensayo de psicología profunda», de Carlos X. Blanco

La caballería espiritual. Un ensayo de psicología profunda

Carlos X Blanco

2018

978-8494895241

Eas

148

★★★★★



El libro de Carlos X Blanco, filósofo y profesor universitario del cual ya reseñamos hace un tiempo su original obra De Covadonga a la nación española. La hispanidad en clave spengleriana, nos ofrece en esta ocasión un libro que llama la atención por lo atractivo que resulta su título La Caballería Espiritual. Un ensayo de psicología profunda y la imagen que sirve para ilustrar la portada, un grabado de Alberto Durero, «San Jorge a caballo», que nos recuerda al magnífico libro de Jean Cau que reseñamos a comienzos de este año. 

El libro consta de un prólogo de Eduard Alcántara, conocido estudioso de la Tradición, con un brillante bagaje de escritos en clave evoliana desde hace un buen número de años. De su introducción destacamos el especial hincapié que hace en el proceso de transformación interior y de búsqueda de las raíces profundas al que apela Carlos X Blanco a lo largo de la obra, y la necesidad de evitar a toda costa caer en la barbarie, con la consiguiente pérdida de puntos de referencia esenciales en ese proceso de naturaleza ontológico que debe revertir el carácter diabólico y disolutivo de la Modernidad. 

El mencionado proceso conlleva un aprendizaje, y la interiorización de una doctrina que permita emprender a nivel individual un camino de perfección, o de «sanación y crecimiento», tal y como nuestro autor, Carlos X Blanco, propone en cada uno de los capítulos que componen su obra. Del mismo modo, y es otro aspecto que Alcántara señala muy acertadamente en el prólogo, como todo camino iniciático, conlleva una serie de dificultades, privaciones y sufrimientos en la vía de la purificación interior, lo que supone entrar en contraste con las propias contradicciones, con los abismos personales más oscuros, y superarlos. En este proceso es evidente que también debemos combatir muchos de los prejuicios heredados, por el hecho de vivir integrados en un modelo de civilización y cultura concretos, que son aquellos anejos a la propia Modernidad. Las diferentes tradiciones iniciáticas nos hablan del mismo sentido de purificación, transformación y religación a lo prístino y originario, a aquello que de forma natural e innata reside en nuestro interior y que es susceptible de pasar de la potencia al acto, descondicionar la existencia y librarnos de las diferentes formas de ataduras que limitan nuestra vida. Como apunta muy acertadamente Eduard Alcántara, lo eterno e imperecedero es la búsqueda del Ser, de las jerarquías naturales y el Espíritu como cúspide de las mismas en el marco de un tiempo eterno e inmutable. 

La perspectiva de Carlos X Blanco no es exactamente la misma que nos plantea Eduard Alcántara en el prólogo, y ello también se debe a que nuestro autor se nutre de unas bases y unos materiales sensiblemente diferentes, y que, como es obvio, debe a su propia formación dentro del ámbito de la psicología. No obstante, y a pesar de los diferentes puntos de partida, Carlos X Blanco también pretende un despertar interior, el redescubrimiento de potencialidades desaprovechadas y un salto de conciencia que afecta a todos los ámbitos de nuestra naturaleza y ser primigenios que nos permita trascender el actual orden de cosas, tanto en lo individual como en lo colectivo. 

Tras el citado prólogo la obra en sí misma se estructura en treinta y dos capítulos, a lo largo de los cuales, y de forma sucesiva, se van ampliando una serie de ideas y conceptos que vienen a redundar en el aspecto apuntado en el anterior párrafo. La obra se presenta de entrada como una especie de manual orientativo en nuestra trayectoria vital, siempre desde una perspectiva pedagógica y terapéutica, que los recurrentes términos de «sanación» y «crecimiento» siempre se encargan de recordarnos. En este sentido resulta sumamente interesante el primer capítulo, donde nuestro autor, mediante el empleo de una serie de metáforas nos habla de las diferentes etapas a las que debemos enfrentarnos en nuestro itinerario vital, el paso de la infancia, con toda la seguridad y protección de la que usualmente se goza, a la edad adulta en un proceso de maduración en el que toda esa «edad de oro» que se asocia a la infancia, periodo de pureza prístina, termina desapareciendo para siempre y nos deja presa de nostalgia y anhelos. De modo que ante los avatares de la vida cada persona debe buscar su camino y encontrarse a sí misma, reencontrar al ser perdido de los orígenes a lo largo de un recorrido iniciático de gran profundidad introspectiva.